El Abuso IV
( Relatos Fetichismo )




El Abuso (Parte IV)

   Los siguientes instantes, no podría especificar se fueron segundos, minutos, horas, días años o quien sabe cuanto, fueron de desconcierto y confusión, solo me daba cuenta que todo giraba a mi alrededor y mi corazón latía como nunca antes, comenzaba a recobrar la cordura y notaba como me habían estado moviendo, luego con un poco más de lucidez em-pecé a sentir como acariciaban y besaban mis muslos y glúteos. Seguí despejándome y note que seguía con ese miembro descomunal en la boca, solo que dada mi semi-inconciencia, de momento, era él quien acariciaba mis labios con ese húmedo trozo de carne, y era él quien lo introducía dentro de mi boca, cosa que cambio a medida que me recuperaba y cada vez más conciente lo hacia de a poco más yo misma. Pero me bastó reaccionar solo un poco más para hacerlo del todo, lo cual fue al darme cuenta de que me encontraba recostada boca abajo, posición en la que ya estaba desde antes, pero ahora estaba en forma transversal con respecto a la reposera. Es decir, mi pecho estaba apoyado contra ella, mi cabeza levantada, no por mí, sino por que quien me penetraba oralmente me la sostenía con sus dos manos para asegurarse de que succione, y mis piernas colgaban por el otro lateral de la reposera, o mejor dicho y debido a la corta altura de la reposera, mis rodillas bastante separadas una de otra apoyaban contra el suelo dejando mi zona trasera completamente expuesta y cómoda para que, como ya les dije, el cuarto de ellos estuviera atrás mío besando, acariciando y lamiendo mis muslo, cola y orificio anal. Esta hombre, que se encontraba casi recostado detrás mío haciendo esta labor se incorporó y acercó su pene hacia mi zona genital y anal para comenzar a pasearlo de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba por toda mi intimi-dad.
   Imploraba para mi misma que no hiciera lo que creía iba a suceder y que pude confirmar que habría de suceder. Luego de poner duro su miembro acariciándolo contra mí pude sen-tir como apuntaba la cabeza de su herramienta contra mi, hasta ese día, delgado anito.


-        Nooo, por favor, así no, se los suplico.
-        No te preocupes niña, luego de los primeros momentos lo disfrutarás como nunca has disfrutado nada antes.
-        Noooo, se lo pido, lo tengo virgen, me lastimarán.
-        Si no te relajas seguro que será doloroso. Distiende tus músculos, relájalos…
-        Noooooooooooo…….ahhgggggggggg, nnnnnggghghaaaaa.
-        Tranquila, se está metiendo….
-        Ngggghhhh, AAAAAUUUUUCCH, espera deteeeeeeeente por favor

   Y así lo hizo, claro que por unos instante en los que, aunque sea un poco, me recuperaba. Pero claro está, luego retomaba la penetración.

-        Vamos mi niña que seguimos un poco más.
-        Despacio, uuuuuuuuuffff, oouchh.
-        Ya pasó la cabeza, ¿La has sentido?
-        Si, nnnnnghhh, pero despacio con el resto, me estas haciendo explotar desde dentro.

   Y era cierto, nunca me había fijado tanto en la diferencia de tamaño que hay entre la co-rona de la punta del miembro de un hombre y la parte que le sigue, pero había podido notar como, una vez que la cabeza pasó por completo, mi anillito se cerraba un poco nuevamente para quedar cobijando esa descomunal esfera de carne en mi interior. Y continuó con la parte final, que en realidad no era ningún final por que aun quedaban por introducir más de veinticinco centímetros de su negra hombría en mi interior.

-        Así mi niña, estás con muy buena dilatación, relájate que seguimos.
-        Vale, pero despacioooooooonngggggg.
-        Relájate, bien.
-        Uffff, nnnngggghhhhhh, ¿Falta muchooooo?
-        Ja, no has llegado a la mitad.
-        Detente allí, te lo ruego.
-        No, lo siento, pero la tendrás hasta que mis testículos golpeen tu almejita.
-        Entonces, uffff aaaayyy, por fav…nnnghnhhhg…vor, nnnnnggggh, mastúrbame o has algo así para calmarme un poco el dolooooorrrrnnnngggghhhnnnnn.

   La verdad que a esa altura, no tenía problemas en sobrellevar psicológicamente hablando, la idea de que me hurgara con sus dedotes, y eso era algo que necesitaba para calmar las dificultades de la dilatación anal. Dilatación que gracias al lubricante que me habían puesto mientras el otro de ellos me penetraba con sus dedos, y gracias también a esa penetración que de a poco me habia estando dando con anterioridad, no me producirían el desgarro que me hubieran causado al penetrarme en esa forma sin nada previo, aunque no por esto dejaba de ser extremadamente dolorosa. Dándome el gusto, quien me desvirgaba el ano, pasó por el costado de mi cuerpo uno de sus brazos, y llevó su mano a través de mi abdomen hasta posarse en mi inflamada y colorada vagina, y allí, comenzó a masturbarme con sus dedos.
   Si bien había tenido orgasmos, esta era la primera vez en esta orgía que agradecía que me estuvieran hurgando la “chonchita”, no necesitó acariciarme demasiado para que comenza-ra a sentir los efectos, y pronto, el dolor anal se transformó en una mezcla rara que alterna-ba entre el ardor que sentía allí atrás y momentos en los que sentía la excitación de la mas-turbada que me daba, excitación que cuando se producía me hacia dejar de sentir el inmen-so dolor y podría, para mi pesar, reconocer que producía que resultara placentera hasta la penetración posterior que me estaba dando.
   Luego de unos intensos minutos en los que tuve que volver mi atención nuevamente hacia ese falo que besaba, lamía y acariciaba, por que introducirlo en mi boca resultaba casi épi-co, pude notar que su pelvis se apoyaba en mis glúteos, y ahí lo supe, me lo había introdu-cido hasta el fondo. No podía decir nada, más que agradecer que la peor parte hubiera ter-minado, y rogar que esa atrocidad que me estaban haciendo terminara cuanto antes. Y des-pués de detenerse uno o dos segundos dentro mío, como si disfrutara la hazaña, comenzó esa lenta y extraña retirada, su miembro empezó a deslizarse hacia fuera de mis entrañas haciéndome sentir que mi anillito se retorcía y daba vuelta como una media, sentía como la parte más gruesa del cuerpo del pene pasaba, como mi anillito levemente se cerraba y como comenzaba a hacer fuerza, esta vez desde dentro hacia fuera, la coronilla de la cabeza. Y allí tuve el indicio que me faltaba para saber que también esta actividad la disfrutaría, mi cuerpo nuevamente fue en contra de mi voluntad y me trajo la extraña sensación de no que-rer que esa ferocidad saliera de mi interior, y como un espasmo mi redondelito posterior se apretó tratando de contener dentro mío aunque sea una punta de mi desvirgante poseedor.

-        No te preocupes gatita, no te la sacaré en un buen rato – me dijo el muy desgraciado interpretando lo que mi cuerpo le pedía. –
-        Bueno. – Le susurré yo completamente ruborizada –
-        Ábrete que ahora comenzaré a encularte.

   Y así lo hizo, con movimientos continuos, y acelerándolos cada arremetida un poco más, inició un “entra y sale” que me dilataba el ano en una manera placenteramente animal. Y, con la supuesta excusa de que tuviera más lugar para pasar su mano y así él siguiera mas-turbándome, yo en cada arremetida, empinaba más mis glúteos, y claro está mi agujerito, hacia arriba. Y digo excusa por que la verdad es que ya me estaba convirtiendo en una suer-te de gata en celo que disfrutaba cuando esa barra caoba salía y amaba cuando reingresaba.
   Allí estaba yo, lamiendo y masturbando al de el miembro descomunal, aunque todos lo eran, y siendo empalada de atrás por este otro negro que, de cuando en cuando, retiraba por completo su miembro y jugaba con sus dedos a abrir mi ano mientras seguía masturbándo-me con la palma de su manos y además ahora también tenia la otra masajeando mis pechos.
   Luego de un rato, momento para el cual ya estaba completamente dilatada, mi intruso posterior retiró su miembro, e incorporándose, se sentó al lado de donde me encontraba recostada apoyando la zona de sus glúteos justo en el borde de la reposera y dejando así su mástil completamente erecto mirando hacia el techo. Por un instante creí que buscaba que se la mame a él, pero de inmediato me aclaró lo que quería.

-        Ven, quiero que te pares delante de mí dándome la espalda y con una pierna a cada la-do de las mías, te inclines hacia delante dejando tu precioso culito a la altura de mi ca-ra. – Y así lo hice –
-        ¿así? – Le pregunté mientras tomaba esa posición y me iba inclinando hacia delante. –
-        Bien, ahora quiero que te vayas sentando sobre mi “trozo de carne” para, lentamente, empalarte tu misma.
-        Uffff. – Resoplé yo en parte por disgusto y en parte por saber que regulando yo las arremetidas podría ser algo un tanto más placentero. –

   Él se recostó hacia atrás, lo cual solo exponía más su miembro, y yo sabia que tenia que “auto-encularme”. Pero esta no era mi única función, ya que si bien el de el miembro más descomunal se había retirado no se a donde, ahora tenia delante de mí a quien me había penetrado en primer instancia, y poniendo su pene a la altura de mi rostro exigió que se lo mamara nuevamente. Lo cual no me resultaba fácil por que además de tener que estar su-biéndome y bajándome yo misma sobre ese miembro, quien me enculaba, mejor dicho, quien hacia que me “auto-enculara” yo misma, como con sus manos me sujetaba de las caderas para ayudarme con el esfuerzo de subir y bajar, de penetración en penetración, me tiraba hacia abajo penetrándome hasta el fondo con su expuesto miembro, y en esos mo-mento tenia que desatender el miembro que succionaba para recuperar la respiración.
   Para esa época de mi travesía por el mundo de las orgías y el sexo interracial, yo ya esta-ba hecha un desastre, mi pelo estaba todo enredado por las sacudidas que me habían dado, y empeorado por la mezcla de transpiración y esperma seco que allí había ido a parar, además del que se encontraba por todo mi cuello, rostro y boca. Mi vagina estaba comple-tamente inflamada y con sus labios exteriores completamente enroscados hacia fuera, así como también estaba cubierta por semen, parte seco en todo mi bello púbico y piel y otra parte aun fluyendo de mis interiores expulsado por la presión que hacia en mi interior quien me penetraba, aun en estos momentos, analmente. Y por supuesto no quería ni mirar que pasaba por mi retaguardia.
   Pasados uno minutos en los cuales seguía siendo penetrada anal y oralmente, quien tenia el miembro más descomunal de todos reapareció parándose delante mío, por un instante creí que vendría a terminar lo que había dejado postergado pero pronto me di cuenta que tenían otro plan para mi. A quien estaba recostado debajo mío no le costó casi nada de es-fuerzo tirarme hacia atrás sosteniéndome con sus brazos pegada de espaldas contra él, que además, al pasar los brazos por el costado de mi cuerpo, aprovechaba para, sujetándome las muñecas delante de mi pecho, inmovilizarme. Mis piernas quedaron una a cada lado apoyadas en el piso ya que si no apoyaba mis pies, quedaba completamente recargada con el ano sobre ese miembro. Así, sin decirme nada, el del miembro descomunal inclinó su rostro sobre mi vulva, y comenzó a darme las mejores de las chupadas que tuve en toda la noche. No les describiré el tipo de cosas que me hacia con sus labios, lengua y dedos por que a esa altura no distinguía nada de todo el placer que me daba, la diferencia estaba en la furia con la que lo hacia. Mi vagina estaba nuevamente chorreando cuando él se incorporó, me levantó las piernas poniendo una a cada lado de su cintura y enfiló el tremendo taladro que tenia por pene contra mi temblorosa vagina. Si bien estaba completamente mojada y extremadamente excitada, el que me penetrara con “eso” me causaba un temor indescripti-ble, temía que me desformara mi cavidad en forma permanente, y además, teniendo en cuenta el espacio interior que ya ocupaba a través de mi orificio anal el otro miembro, no sabia si esos descomunales monstruos tendrían lugar para cobijarse los dos juntos en mi interior.
   Todas las hipótesis fueron innecesarias ya que estaban dispuestos a probarlo en la prácti-ca. Creo no mentir si les dijera que mientras esperaba la penetración comencé a contar en vos baja, como si de una cuenta regresiva se tratara. Apenas sentí la punta comenzar a hacer contacto, me abracé con mis piernas a su cintura y tiré mi cabeza hacia atrás recosta-da sobre el hombro de quien, por el momento sin moverse, se incrustaba en mi ano.
   Su miembro comenzó a acomodarse lentamente, y las paredes de mi cavidad y labios va-ginales trataban de estirarse lo más posible para permitir su entrada, sinceramente creía que la penetración seria mucho más dolorosa, incluso me atrevería a decir que resultaba extra-ñamente placentero sentir la fuerte presión que la inmensamente abarcativa cabeza del miembro causaba en la parte más onda de mi intimidad.
   Por supuesto se podrán imaginar que ni por asomo pudo terminar de incrustar ese mons-truo en mi interior, y que cuando aun faltaba un buen tramo de su herramienta por fuera, fue suficiente para chocar con mi útero. Y viendo que no tenia dificultades para soportar lo que me hacían, inmediatamente comenzaron ambos a entrar y salir de mi interior lo que al comienzo resultó un tanto descoordinado por la incomoda posición que tenían, principal-mente quien analmente me penetraba desde debajo mío. Luego de intentar hacerlo así du-rante unos instantes, quien me penetraba vaginalmente, a quien fuerzas no le faltaban, me tomó las caderas con sus manos y me levantó levemente para, en parte penetrarme él con más comodidad sin que yo me resbalara por sus arremetidas hacia delante, y además eso le permitía a quien estaba por debajo hacer más cómodamente lo suyo también aprovechando que ya no necesitaba sujetarme con sus manos para amasar mis pechos desde detrás mío.
   A todo esto, regresó el hombre al que había estado succionando un rato antes, quien me tiró la cabeza nuevamente hacia atrás por sobre el hombro de quien tenia a mis espaldas y sin darme demasiadas indicaciones introdujo su miembro nuevamente hasta el fondo de mi garganta, o mejor dicho, hasta donde podía. Por supuesto, también esperaba algo de co-operación de mi parte, así que con una de mis manos y sin sacarlo de mi boca lo tomé y comencé a sacudirlo como lo había estado haciendo durante todo este tiempo, sin dejar de acompañar esta labor con mis labios y lengua.
   Estuvieron haciéndomelo por todos los lugares posibles al mismo tiempo durante lo que estimo deben haber sido unos diez minutos, tiempo suficiente para producirme un nuevo orgasmo el cual no fue tan salvaje como los anteriores, supongo que por no tener ya fuer-zas de ninguna clase. Y así quedé, cuando quien me penetraba analmente comenzó a gruñir en mi oído he instantes después descargo un arsenal de espeso fluido directo en mis intes-tinos, sentía como esa manguera se inflaba y escupía su carga una y otra vez en lo más pro-fundo que jamás llegó nadie en mi cuerpito. Y sin dar tiempo para salir ni acomodarme, empezó con su descarga directo en mi garganta aquel a quien se la había estado mamando últimamente. Como a esta altura ya se imaginarán, no tenia demasiados prejuicios por lo que era correcto o no hacer y además no era yo quien lo decidía, por lo cual yo misma lo ayudé a acabar. Lo ayudé a sacar todo lo que quedaba en los conductos de aquella venosa extremidad y así, mientras con mi mano lo oprimía desde la base hacia la punta, con la bo-ca y lengua limpiaba lo que salía, y como si fuera una experta, una vez finalizado, lo saque de mi boca y tragué lo que quedaba.
   Y ya, con las últimas fuerzas que me quedaban, terminé de soportar los embates del úl-timo que quedaba, para ese momento ya me encontraba con mis espaldas directo sobre la reposera, ya que los otros se habían marchado de mi lado, y quien me penetraba aun con esa particular herramienta se preparaba para vaciar otra carga en mí. Carga que no tardó en llegar y que, sin asombrarme ni lo más mínimo, fue tan abismal como anteriores veces, y si bien para ese momento ya no tenia sensibilidad en mis genitales y lo único que podía distinguir era el plaf…plaf de mis glúteos chapoteando en un pequeño charco de fluidos propios y ajenos que se encontraba sobre la reposera, pude notar como acababa por sus muy claramente gestos de placer.
   Minutos después, ya vestidos me cargaron hasta el cuarto de baño donde tomando un salvavidas de los que usábamos en verano me lo colocaron a la altura de mi pecho y me introdujeron en la tina de baño llena con agua tibia donde me quede hasta horas después, en las cuales dormité, pensé en lo que había sucedido y pensaba si ya se habrían ido.
   Cuando el agua ya empezaba a enfriarse, me enjuagué y lave todo el cuerpo y, juntando fuerzas de donde pude, salí para ver si aun se encontraban. Al salir pude ver que se habían ido y no se habían llevado nada, fui a mi cuarto a buscar un pijama y a acostarme aprove-chando que ya era nuevamente de noche, y encontré una nota sobre mi cama. En ella me escribían diciéndome que no se llevaban nada y que a cambio sabían que yo no le diría na-da a nadie. Cosa que, unos días después aun con mis genitales y ano medianamente infla-mados y considerablemente dilatados, en especial mi agujerito posterior del cual aun salían fluidos cada vez que iba al baño, no se si por temor o vergüenza decidí no hacer.
   Hoy, tiempo después ya no hay virginidad que conserve y esto se nota particularmente por que cuando mantengo relaciones con algún muchacho, siempre notan mi dilatación anal y por lo general siempre me piden hacerlo de ese modo, situación a la que en forma habitual accedo sin decir nada, ya que me he vuelto una sometida que no tiene él valor de decir no.




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Fetichismo

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