Noche de Pasion con mi amiga Monica
( Relatos Heterosexuales )




Esta mañana he despertado muy emocionada porque habrá fiesta en mi casa para festejar el cumpleaños de mi mamá, pero en realidad lo que más me emociona es que vendrás. Hace ya mucho tiempo que no nos vemos, y por alguna razón me pone de nervios volverte a ver. Es ridículo yo sé — nos conocemos desde los cinco años, y de eso ya hace casi veinte; pero también hubo esa fase en nuestra adolescencia, en la que vivimos un corto, pero intenso romance en la secundaria. Hay veces que pienso que fui una tonta por haber terminado nuestra relación; pero qué iba a saber yo. En esos tiempos no conocía lo que el destino me deparaba, y me faltaba aún mucho por madurar. Tal vez sea la emoción de volverte a ver lo que me trae estos pensamientos ahora, o quizá sea que acabo de terminar con mi novio de seis años — y en retrospectiva no fue la relación más saludable.

        Lo que quiero decir, es que he visto algunas fotografías tuyas recientemente, y la verdad es que nunca has sido un hombre feo, de ninguna manera. Nunca quise admitirlo en tu presencia, pero siempre me has atraído bastante. Mientras lavo mí cabello en la regadera, me viene a la mente una foto tuya en particular que vi hace un par de días. Es una foto en la que estás en la playa con tus amigos. No llevas puesta tu playera y se nota que has desarrollado muy bien tus músculos. Pero en realidad lo que no pude dejar de notar, es el bulto que se forma entre tus piernas. Estás ahí parado en media playa con una enorme erección. Me pregunto quien sería quien tomo una foto, si fue una chica sexy, ¿tal vez tu novia?

Y es así como esta imagen hace que comience a formar otras en mente y no puedo evitar comenzar a tocarme. En mi mente imagino como debe de verse tu cuerpo desnudo junto al mío. Imagino tus manos acariciando mis pechos mientras me besas. Y es así como un sentimiento incontrolable invade todo mi cuerpo, un sentimiento que me hace querer entregarme completamente a ti y dejarme comer a besos.

Conforme voy imaginando todas estas cosas en mi mente, mis dedos húmedos van encontrando el camino hacía mi clítoris y comienzan a estimularlo suavemente dando círculos; círculos que mandan ondas de placer por todo mi cuerpo y me hace gemir bajo la regadera.

Después de minutos de placer en la regadera, me llevo a mí misma al borde del orgasmo, pero me detengo justo antes llegar. No será suficiente tocarme yo misma, lo que realmente necesito es sentirte dentro de mí.

        Aún con las imágenes de nuestros cuerpos desnudos en mi mente, me siento envuelta en una toalla frente al espejo.
Siempre me han dicho que me parezco a Salma Hayek, quizá porque al igual que ella, soy parte Libanesa. Viéndome con más detenimiento en el espejo, veo que la gente quizá tenga razón, pero soy un poco más alta que ella y mi mandíbula no es tan fuerte como la de ella. Siempre he pensado que ella tiene algunos rasgos muy fuertes que pueden resultar algo masculinos; y mi rostro es más femenino.

Al dejar caer mi toalla y ver mi cuerpo desnudo, recuerdo otro motivo por lo que pueden decirme que me parezca a Salma — y es que las dos tenemos un busto generoso. No sé con exactitud que copa use ella, pero estoy segura que mi sostén 34D no le pide nada. Si me preguntan a mí, creo que mis pechos son más parecidos a los de Marisa Miller.

        Me ha tomado un tiempo decidirlo, pero esta noche luciré una hermoso vestido azul de una sola pieza que me encanta, y el escote hace lucir mis rebosantes pechos.

                               *****
Me estoy terminando de alisar el cabello cuando escucho voces en la planta baja. Un disparo de adrenalina golpea mi corazón. Lo más probable es que hayas llegado junto con tu familia, siempre han sido los primero en llegar y los últimos en irse. Cuando llego a la ventana confirmo mis sospechas al ver el coche gris de siempre, estacionado junto al mío en la arboleda. Inundada de emoción, corro a mi cuarto de nuevo y me veo una última vez en el espejo, cerciorándome que todo me quede perfecto y en su lugar.

        Al bajar las escaleras veo como mis padres intercambian besos y abrazos contigo y tu familia. Nada ha cambiado en todos estos años pienso. En eso volteas y me ves parada en el descanso de las escaleras. Por un instante me parece que te has puesto pálido como una hoja papel, pero te recompones de inmediato y te diriges a mí.

— Mónica, cómo estás. Hace cuánto que no te veo, ¿cómo has estado? — me dices un poco nervioso, mientras te acercas a mí para darme un abrazo.

—He estado mejor —contesto lacónicamente a pesar de que quiero decirte mil cosas. En qué pienso, por qué te contesto así, pensaras que estoy desinteresada. — En realidad estoy bien, es solo que el internado me desgasta en ocasiones, — agrego de inmediato, tratando de suavizar mi respuesta anterior.

— ¿Los pacientes te están matando? Entiendo, me imagino que no has de dormir bien la mayoría del tiempo; al menos cuando estás en guardia. No me imagino como debe ser dormir la mayor parte del tiempo en un hospital.

—No es tan malo como te imaginas. Después de un tiempo te acostumbras
        Hay unos momentos de silencio incomodo entre los dos y después agrego.

— La comida debe estar lista, por qué no pasamos a comer, antes de que llegue la demás gente y se acaben todo lo bueno.

—        Me parece perfecto —contestas con una sonrisa.

Mientras comemos nos ponemos al tanto de nuestras vidas.
Me platicas como estás comenzando una compañía nueva, y tienes planeado establecer un restaurante artesanal. Yo te platico como me quiero especializar en pediatría y como mi relación con Eduardo se fue por el caño. A pesar de que hace casi dos años desde la última vez que nos vimos, y que no nos despedimos en los mejores términos; rápidamente reanudamos nuestra amistad y se comienza a formar una cierta vibra entre nosotros. Tal vez sea que los dos percibimos inconscientemente que nos atraemos.

Después de una larga e interesante platica, una deliciosa comida y unas cuantas ricas copas de vino; te invito a ver una película en la sala de descanso en el piso de arriba. Tardamos un rato en escoger la película, pero en realidad no es importante. Es solo un pretexto. Al final nos decidimos por una película genérica de horror.

Al cabo de un tiempo, me acurruco contigo, descansando mi cabeza sobre tus piernas para ver más cómoda la película. El estar tan cerca de esa parte ti, que hace unas horas provocó en mí todos esos pensamientos de pasión, comienza encenderlos de nuevo. Volteo a verte y tú te haces el disimulado, como si fuera lo más normal que me pusiera contigo en esta posición. Yo me abrazo de tus piernas y entonces tú comienzas a jugar con mi cabello. Eso es, así está mejor, pienso.

        ¬—Lamento mucho que tu relación con Eduardo haya terminado. Lo siento por ti porque te quiero mucho, siempre te he querido mucho. Sé que debe ser difícil porque lo amabas mucho, pero después de todo lo que me contaste, creo que mereces a alguien mejor — me dices irrumpiendo el silencio. En el fondo se escuchan risas. Alguien acaba de contar algún chiste.

        —Creí que lo amaba, pero ahora entiendo que solo amaba la idea que forme de él, y no quien realmente es. Me enamoré de alguien ficticio; y fue tan fuerte mi amor por esa idea, que no me permitió darme cuenta del patán que realmente era — contesto mirándote a los ojos. En este momento me tomas de la mano y me besas la frente.

        —Mónica, he tenido más novias después de ti. He conocido a más mujeres y he creído enamorarme una y otra vez, pero nunca he encontrado a alguien como tú. Sé que no eres perfecta, y tienes defectos como cualquier otro ser humano; pero también conozco todas las cualidades que te hacen bella. Insisto, mereces a alguien mejor.

        Es demasiado. Siento que estoy temblando como si mis piernas fueran de gelatina. Me incorporo en el sofá y volteo a verte.

        — ¿Qué crees que hubiera pasado si hubiéramos continuado con nuestra relación?— te pregunto.

        Entonces así, sin decir una sola palabra; me besas.
Primero nos damos un beso largo. Disfrutamos como se sienten nuestros labios húmedos presionándose juntos. La sensación de besarnos después de tanto tiempo es indescriptible. Yo me monto sobre tus piernas y nuestros largos besos se convierten en una serie besos cortos y llenos de deseo, mordisqueándonos suavemente los labios mientras nuestras manos exploran nuestros cuerpos. Al cabo de un tiempo, comienzas a usar tu lengua para recorrer mi labio inferior, y yo contesto mordiéndote el tuyo y succionándolo juguetonamente. La sensación de nuestros labios separándose lentamente es indescriptible, y me hace querer desnudarte de inmediato. Este es el momento en que me doy cuenta que esto no podrá detenerse aquí, y que necesito sentirte muy dentro de mí. ¡Me muero por que hagamos el amor!

        Con tu mano izquierda le das un apretón a mis tersos pechos, mientras que con la derecha recorres mi cuerpo hasta apoyarte en la cintura. Tus caricias me excitan tanto que arrancan gemidos de mí, y con ellos causo que te prendas más. Mientras, nuestras lenguas continúan entrelazándose en su baile, y nuestros labios se encarnecen con nuestros mordiscos.

        Me detengo un momento para verte directo a tus ojos. Puedes ver en ellos cuánto te deseo, y sin dejar de mirarte directo a los ojos por un solo segundo, llevo mi mano hacía abajo, hasta llegar a tu pene. Veo como tus ojos se abren, y tu boca se entreabre de placer en el momento en que toco tu miembro. Comienzo a acariciarlo por encima del pantalón. Mis pechos rebozan apretados en mi escote, algo de lo que estoy más que consciente.

—Desde que llegaste has hecho un gran esfuerzo por no mirar mi escote. ¿No te gustan? — te pregunto mientras finjo una cara de tristeza y encojo mis hombros de tal forma que mis pechos resaltan aún más.

—Tus pechos siempre me han vuelto loco — y no puedes resistir más y comienzas a besarlos. Me bajas la blusa un poco para descubrirlos y comienzas a chupar mis pezones.

        — ¡Dios! — dejo escapar entre gemidos. Mis pezones se han endurecido y estoy tan excitada que comienzo a sentir como mi ropa interior se humedece. Necesito sentirte dentro de mí.

El placer que provocas en mí, hace que coja tu miembro con más fuerza y mis caricias sean más intensas. Esto a su vez hace que muerdas mis pezones.

— ¡Oh Dios! — comienzo a gemir con más intensidad mientras me acuestas sobre el sofá. Sin quitarme el vestido por completo, solo bajo los tirantes del sostén para descubrir mis pechos tersos y erguidos. Con tu mano derecha recorres mi vientre hasta pasar por debajo de mi pantalón y llegar a mis genitales. Mientras continúas besando mis pechos, comienzas a separar mis labios con mucho cuidado, sintiendo como estoy húmeda allá abajo. Poco a poco comienzas a introducir dos dedos y a estimularme.

—Espera. Espera — te digo con la respiración entre cortada mientras me incorporo. —Vamos a mi cuarto.

—        ¿Estás segura de que quieres seguir? — me volteas a ver como todo un caballero.

—Más que segura. Quiero sentir adentro de mí. Hazme el amor — y con eso te beso apasionadamente en los labios.

Tomados de la mano, te guío hacia mi cuarto.

Al entrar, el cuarto se encuentra inundado por la luz de luna. Te dejo por un momento, mientras busco en mi colección de vinilos. Mis dedos escudriñan rápido disco tras disco hasta que me decido por uno y lo pongo en el reproductor. Mientras “Hang On Sloopy” se escucha en el tocadiscos, reanudamos nuestro esgrimir a besos frente mi cama. Al mismo tiempo que te desbotono la camisa con una sola mano, con mi mano libre sigo acariciando tu miembro erecto, por encima del pantalón, pero tú, completamente lleno de lujuria, comienzas a desabrochar tu pantalón. Yo dejo escapar una ligera sonrisa —me haces sentirme deseada.

Una vez completamente desnudo y sentado sobre mi cama. Juguetonamente te doy mordiscones en la boca mientras continúo estimulando tu esa parte de tu cuerpo que tanto me encanta. Al cabo de unos momentos, me paso de morder tus labios a besar tu cuello; y desciendo lentamente recorriendo todo con mi lengua, hasta llegar a tu vientre. Hincada frente a ti, mis pechos rebosan en el escote de mi vestido y no puedes dejar de admirarlos; de nuevo esto es algo que me vuelve loca, ver cómo me ves. Humedezco mis labios lentamente, cómo saboreando una suculenta comida antes de dar el primer mordisco. Entonces así, sin ningún aviso, acerco mi cara a tu miembro y comienzo a besarlo.
Primero recorro con mi lengua alrededor de tu glande. Sientes el calor húmedo de mi boca inundar tu miembro y dejas escapar un gruñido de placer.

—Mónica, me encanta como lo haces. Me encanta. — exclamas al momento que comienzo a succionar. Me muevo de arriba abajo: a veces succionando, a veces dándole vuelta a tu glande con mi lengua, a veces me detengo para ver como tu cara se contorsiona de placer, y así continuo hasta dejarte al borde del orgasmo, tal como me deje yo en la regadera pensando en ti. Cuando siento que estás cerca de venirte, y camino hacía el espejo que se encuentra situado frente a la cama.

Me detengo justo enfrente para quitarme el vestido.

Tumbado en la cama, con una enorme erección, ves como mi ropa cae al suelo prenda por prenda. Admiras mi trasero bien formado, que siempre me has dicho tiene forma de corazón. Mi cintura es estrecha y mi espalda un poco ancha; eso hace que mi cuerpo tenga la tan deseada forma de reloj de arena. Me volteo, y camino lentamente hacia a ti, haciendo que me desees más y más con cada momento que pasa.

Nuestras lenguas se entrelazan. Con una mano recorres mi cintura y con la otra aprietas firmemente mi trasero. Ahora me das una nalgada. Con tu otra mano tomas tu pene y lo diriges hacia mi vagina. Al principio sientes como mi vagina aprieta la cabeza de tu miembro; luego sientes esa humedad cálida que tanto deseabas probar. Me deslizo suavemente, empalada en tu miembro, nuestras dos bocas entreabiertas por el placer que nos consume.

—Me vas a volver loca. Me encanta sentirte así dentro de mí. — exclamo mientras te monto. Tus dos manos aprietan mis pechos.

—Me encanta sentirte por dentro — contestas mientras empujas tu pene más profundo. Yo dejo salir un gemido.

En el espejo frente a la cama, ves cómo me deslizo hacia arriba y hacia abajo, como si me encontrara montando corcel. Admiras mis nalgas y el arco de mi espalda; como rebotan mis pechos con cada embestida que me das. Mi rostro extasiado enciende más tu lujuria y me insertas el dedo índice en la boca. Yo lo succiono como si tratara de tu pene. Mis manos recorren tu pecho, dando pequeños arañazos. Esto te excita más y comienzas a embestirme con más fuerza, penetrándome más profundo. Mis muslos comienzan a chocar con los tuyos dando palmetazos en cada embestida. Te das un sentón y yo me afianzo de tu cuello. Mis pechos presionan contra ti mientras cabalgo frenéticamente montando tu pene
Así nos continuamos amando, cambiando de posición y la manera en que nos damos placer. Ahora, nuestros cuerpos fundidos reposan el uno encima del otro. Mi pecho sube y baja con mi respiración entrecortada. Mirándome directo a los ojos me penetras lentamente, disfrutando como se siente el interior de mi vagina abrazar tu miembro. Subo mis piernas y las enlazo alrededor de tu cuello. Arqueo mi espalda extasiada por el placer que me produce esta penetración tan profunda.

—Así me gusta. Más rápido. Vas a hacer que me venga. — grito extasiada de placer, mientras nos ves en el reflejo. Yo con mis piernas alzadas y mis pechos reposando sobre mi cuerpo como un par de tersas colinas. Puedes sentir como mi vagina comienza a contraerse y yo siento como tu pene comienza a tener fuertes contracciones. Sé que en cualquier momento tendrás un orgasmo y yo deseo sentir como te vienes dentro de mí.

Ya no puedo más.

Electricidad recorre todo mi cuerpo.

Arqueo mi espalda y sientes como las paredes de mi vagina se contraen alrededor de tu miembro y comienzas a sentir como corren mis fluidos. Tu aumentas la frecuencia de tus embestidas y a los pocos segundos una sensación de placer inunda tu miembro hasta su base.

Entonces te vienes dentro de mí.

Varios espasmos de placer recorren todo tu cuerpo.
Caes exhausto sobre mí.
        
—Nunca he dejado de amarte, - te digo.

—Lo sé,- me contestas con un beso.




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Heterosexuales

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