Como descubrí el lado oculto de mi sexualidad
( Relatos Confesiones )




Como descubrí el lado oculto de mi sexualidad

Supe de él por primera vez cuando entré al mingitorio y alcance a ver casualmente, de reojo, su gran miembro. Confieso que entonces trate de verlo bien porque no solo era grande y bien formado, sino que el tipo que lo portaba era de estatura regular o poco menos y complexión delgada. Yo que soy bastante alto y de complexión fuerte no puedo presumir, ni de lejos, atributos similares.

Él se dio cuenta que lo observaba y sonrió.
Más tarde en el comedor del hotel volví a encontrarlo. Me entere de que asistía al mismo simposio que yo. Estaba en el otro extremo del salón acompañado de varias personas con las que charlaba muy animado.
La cena termino y me dirigí a mi habitación que quedaba en el extremo del pasillo. Me di una ducha y estaba listo para acostarme cuando tocaron a mi puerta. Vi por la mirilla y era él. La curiosidad pudo más y abrí la puerta.

Me saludo con una gran sonrisa y con toda confianza paso al interior de la habitación. Yo sorprendido lo deje pasar y cerré la puerta detrás de él. Note que Iba vestido con una bata de descanso y sandalias.
- Por favor toma asiento, dijo y se sentó en una silla que estaba a un lado y yo en la cama enfrente de él. Sin más preámbulo continuo – hoy noté en el baño como me mirabas. ¿Eres gay? Yo respondí de inmediato que no lo era.

Él sonrió y dijo: - gay o quizás bisexual y no lo sabes todavía, y parándose frente a mi, abrió su bata presentando frente a mi cara su hermoso miembro, mientras decía - Te voy a dar la oportunidad de descubras quien eres realmente.

Trate de protestar, pero tener su hermoso miembro frente a mí, en la intimidad de mi habitación pudo más. Primero recorrí un dedo lentamente sobre su contorno. La piel era suave pero note que sin duda sería un arma muy poderosa cuando estuviera completamente erecto. Luego lo puse sobre la palma de mi mano para sopesarlo, cerré los dedos alrededor y comprobé que no solo era largo sino también bastante grueso.

Hasta ese momento el me dejo hacer a mi antojo, pero cuando puse las dos manos sobre el para acariciarlo se acercó aún más y tomándome con autoridad, pero sin violencia, por los cabellos acerco mi cabeza hasta que la punta de su miembro presiono sobre mis labios. Sin pensarlo dos veces abrí la boca por completo y empecé a besársela y mamársela con gran placer, mientras él dirigía mis movimientos tomándome de los cabellos y dándome pequeñas instrucciones que yo seguía al instante para satisfacerlo.

Luego de algunos momentos saco de su bata un finísimo estuche y abrió mientras decía – Tengo algo que te ayudara. Alcance a ver que el estuche contenía un delgado arnés y una serie de dildos.

Entonces me ordeno que me desnudara por completo y me guio para que me pusiera el arnés. Luego poniendo en cuatro sobre la cama me puso algo de lubricante y selecciono uno de los dildos más pequeños, que luego me introdujo por el ano sin gran trabajo, para que quedara sostenido por el arnés y luego ordenando que me hincara frente a él, continúe disfrutando de su verga con mi boca y mis manos.   

Pronto su miembro alcanzo su máximo tamaño y grosor, lo que el comprobó golpeándome en la cara con su verga, que yo sentía dura y pesada, para volver a introducirla en mi boca, con pausas durante las cuales el me iba cambiando el dildo por uno ligeramente más grueso que el anterior.

Yo le mamaba la verga como nunca imagine que podría hacerlo. Recorriendo mi lengua sobre su glande o chupándolo con mis labios y mientras le sostenía y acariciaba los testículos. Sintiendo la excitación que me causaba la presión cada vez mayor de los dildos en mi ano que estaba siendo abierto para recibir su gran miembro.

El disfrutaba de las lamidas y mamadas que le daba mientras me decía: - Así putita, así. No creas que eso es todo, vamos a empezar por abrir esa garganta a mi gusto, y me acostó sobre la cama con la cabeza caída sobre el borde. El parado frente a mi cara empujaba por momentos su verga en mi garganta que por la posición quedaba alineada con el resto del cuerpo. Yo sentía que me ahogaba aunque solo logro introducirme la punta. El me dejaba descansar, poniendo sus testículos al alcance de mi lengua que yo aprovechaba para lamérselos con placer o me golpeaba en la cara con su gran verga.

Cuando llevaba varios minutos con un dildo de unos 3 cm de diámetro, dijo: - Ya estás lista putita, quiero acabar de abrirte con mi miembro. Entonces me indico que me pusiera de rodillas en la cama, separara las piernas y apoyara la cara en el colchón. Yo estaba ofreciéndole el culo sin ninguna defensa, tan excitado que temblaba levemente, temeroso de sentir dolor, pero deseando tener su gran miembro dentro de mí.

Sentí como retiraba el último dildo y me lubricada abundantemente el culo abierto. Se puso un condón y luego empezó a presionar sin prisa, pero con fuerza irresistible la cabeza de su miembro contra mi ano hasta que le rindió la entrada, arrancándome un grito de dolor y placer. Luego espero algunos momentos para que mi ano fuera dilatándose para darle cabida a toda la longitud de su miembro.

Sentí como me habría lentamente las entrañas con su carne dura y caliente hasta que su cuerpo presiono contra mis nalgas. Entonces empezó a moverse, primero lentamente y luego cada vez más rápido mientras yo no podía contener los gemidos de placer que me arrancaba con cada embestida.

El me daba fuertes nalgadas y me tomaba del pelo para obligarme a arquear la espalda y que lo sintiera hasta el fondo mientras me decía: - ¿Te gusta putita? ¿Era lo que querías? Y yo le contestaba en medio de mis gemidos, - Si papi, cógeme soy tu puta.

Jamás creí que alguien pudiera revolverme las entrañas de esa manera, hacerme sentir completamente lleno y dominarme así. Lo único que deseaba en ese momento era ser su puta y darle placer. Él era mi hombre y yo su puta y se lo decía porque deseaba que él supiera de mis labios mi rendición incondicional al poder de su hombría.

Después de unos minutos de ese dulce tormento se acostó en la cama, lo que yo aproveche para acariciarlo y mamarle la verga mientras él me daba nalgadas y me decía: - Sabía que eras una putita obediente. Yo contestaba: - Si papi soy tu putita. Me encanta ser tu puta y darte el placer.   

Luego volvió a penetrarme y después de algunos minutos de dulce tormento dijo: - te voy a llenar la cara de semen para que no te quede duda de que eres mi puta. Entonces se quitó el condón, mientras me yo me dejaba caer en la cama y le ofrecía obediente la cara donde termino abundantemente con un gruñido.

- Voy a tomar una ducha, dijo. Yo quede tendido en la cama. Percibía el sabor salino de su semen. Las nalgas me ardían de la zurra que me había dado, tenía el ano adolorido y completamente abierto, y la cara llena de semen pero estaba satisfecho y feliz y me quede dormido.

A la mañana siguiente desperté solo. Me bañe y baje apresuradamente. Temeroso de que por mi forma de caminar (estaba adolorido) todos notaran que me habían penetrado o de que él lo hubiera platicado con sus amigos y fuera el hazmerreír. Sin embargo no lo encontré y luego me entere de que se había marchado muy temprano por un asunto de trabajo.


Comentarios


No se porqué me calientan tanto los relatos gays. Muy bueno tu relato
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Detalles



Nombre do Relato


Codigo do Relato
2841

Categoria
Confesiones

Fecha Envio


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1