Una llamada telefónica que me hizo estremecer...
( Relatos Transexuales )




Me llamó el viernes por la tarde, quería saber si era posible vernos por la noche, le contesté que sí, que iba a estar sola todo el fin de semana.

Hola, les comparto lo que me sucedió la noche de ayer. Todo empezó cuando uno de mis “amantes”, que seguramente conocen de mis otros relatos, me llamó por teléfono para preguntarme si era posible que lo recibiera, que toda la semana había tenido bastante trabajo y que se sentía un poco estresado. Le dije que sí, que me daría gusto recibirlo y, antes de que colgar me dijo algo que me estremeció: “Es que te he estado pensando y tengo deseos de sentirte mía”.

Al escuchar esto me sentí nerviosa, ya que era la primera vez que me lo decía, y a partir de ese momento empecé a imaginarme tantas cosas. Me sentía como quinceañera en su primera cita de noviazgo. Pensaba en arreglarme lo mejor posible y atenderlo de la manera más coqueta para hacerlo estremecer con mis caricias y deseos. ¿Deseos? Pensé… sí, deseos. El deseo de sentirme hembra enamorada y entregarme con plenitud. Creo que el amor es más intenso cuando se siente algo por esa persona que te hace sentir especial. Bueno, ya veremos que pasa.

Elegí para esa noche una tanga roja en forma de araña, unas medias de red del mismo color sujetadas por un liguero que hacía juego con todo, mi bra favorito de color blanco todo cubierto por una falda corta y una blusa. Llegó puntual a la cita y al verme exclamó: “Waooo chiquita, te ves preciosa”, me tomó de la cintura y me acercó a su cuerpo dandome un profundo beso que me hizo estremecer. Mi nerviosismo de toda la tarde se acentuó más y él lo notó. “Te noto nerviosa”, me dijo, y yo le contesté que sí, que un poco. “vamos, relajate que hoy quiero complacerte y hacerte mía”, replicó.

¿Quieres hacerme tuya? De qué manera le pregunté. Me sonrió y me explicó: “Bueno, como te dije por teléfono, te he estado pensando y deseaba estar contigo”. “Me gusta cómo me recibes y el trato que me das por eso deseaba estar contigo” concluyó.

Cuando me dijo que me deseaba sentí un ligero cosquilleo en mi cuerpo, mis pequeños pezones se endurecieron en señal de que me estaba excitando. Si algo me pone cachonda es escuchar palabras que me hacen sentir bien y, mi “amante”, seguramente lo sabía porque desde ese momento me empezó a tratar como la hembrita que siempre he querido ser.

“A ver, muestrame lo que tienes para mí”, me señaló al momento que se sentaba en el sofá. Al decir esto, me quité la blusa y la falda que me había puesto para recibirlo y me paré enfrente de él caminado de manera sexy con las zapatillas con tacón alto que me había puesto.

Silbó a verme con mi tanga tipo “araña” y me dijo: “Chiquita mía, se te ven unas ricas nalgas que dan ganas de cogerlas”. Le contesté: ¿nada más las nalgas? Y los dos reímos juntos.

Se levantó y me tomó de la mano para hacerme girar en torno a él, me dijo toda clase de piropos que me hicieron cerrar los ojos y esperar a que él tomara la iniciativa. Después de girarme dos vueltas, me tomó por la espalda y me abrazó de manera que podía tomarme del bra y levantarme los senos mientras besaba mi cuello. “Ahhhhh, qué rico siento amor”. Le dije.

¿Te gusta que te trate así? Me preguntó. Le contesté con un “ajá” muy sensual y muy provocativo. Metió sus manos dentro del bra que traía puesto y capturó mis dos pezones erectos que estaban más sensibles que nunca. Mmmmmmmmm, así, amor… así… le susurré. Oprimiéndolos suavemente y acercando su boca a mi oreja y antes de darle un pequeño mordizco también me susurró: “Me gustas, y te deseo tanto, quiero hacerte mía”.

Las palabras suaves y la forma en que me lo dijo me provocó un sentimiento de enamoramiento, sentía que era la primera vez que alguien me trataba de esa manera, sentir sus dedos acariciando mis sensibles pezones, el aroma de macho detrás de mí, sus palabras de acercamiento me hicieron sentir más profundo mi deseo de sentirme suya.

Sus manos hábiles me quitaron el bra y, casi al mismo tiempo, sus labios y su lengua se apoderaron de uno de mis pezones, sentí un intensa descarga eléctrica en todo mi cuerpo que me hizo ponerme cachonda y sentirme amada. A partir de ese momento perdí la noción del tiempo y solo quería disfrutar de los maravillosos instantes que estaba pasando con “mi amante” que me estaba volviendo loca con sus palabras y caricias.

Se hizo dueño de las acciones, ya que me guió a hacer las cosas que surgían de su voluntad. Me condujo al sofá y, arrodillándome encima de él y recargando mi cabeza en la cabecera del sofá, empezó a besar mi espalda, podía sentir la humedad de su lengua recorrer toda mi columna vertebral desde el cuello hasta llegar a la redondez de mis nalgas, las cuales las tomaba con las dos manos y simulaba darme pequeñas nalgadas. No paraba de decir lo mucho que le gustaba verme así, que esa tanga le excitaba mucho y no quería que me la quitara. Me agarraba de los senos, y se montaba encima de mí mientras me seguía besando el cuello y los hombros. El placer que sentía lo reflejaba con suaves y profundos suspiros y cada segundo que pasaba se acrecentaba mi excitación.

“Así, amor, así… sigueme tatando así”, “me siento tan especial esta noche que quiero corresponderte dando lo mejor de mí”. Lo sé, inquirió. Sé de lo que eres capaz de hacer cuando te sientes caliente y bien putita. Mmmmmmmmmm, le respondí. “Quiero ser tu putita que te quiere y complacerte en todo mi amor”.

Me levantó de la posición en que estaba y volvió a darme un profundo beso. Esta vez lo sentí más intenso y, cerrando los ojos, le dije: “Amor, haz conmigo lo que quieras”. “Ven nenita, ven… quiero sentir tus labios en mi verga”, “quiero que la trates lo mejor de lo que eres capaz”. Se sentó en el sofá y, desabrochándose el cinturón y quitarse el pantalón, me la ofreció. Le dije espera, deja retocarme los labios con el labial para dejar las marcas de mis labios en tu verga, amor”. Me levanté y fui a repintarme los labios, cuando regresé, él ya se había despojado de toda su ropa.
Tomando su verga con las dos manos me dijo: “toma nenita hermosa, toda es para ti”.

Me acerqué y me arrodillé de manera que pudiera verme cómo le daba tratamiento a su verga, con mis labios recién pintados y tratando de levantar las nalgas para que pudiera ver mi tanga con el moñito color rojo que sabía le iba a encantar. Tomé su verga con mis manos y le marqué el primer beso en la cabeza en forma de hongo de su vibrante verga. Empecé a dejar marcas de mis labios en todo su miembro y él no dejaba de verme de la forma en que le besaba su verga. Así, nenita, así… mmmmmm… que rico lo haces, putita mía… sigue.. sigue así… ahhhhhhh… de reojo veía su reacción y más me esmeraba en lamer su rica tranca, mi lengua recorría todo su miembro viril desde los testículos hasta la cabeza en forma de hongo, pasaron varios minutos en que le di ese trato a su rica verga y yo golosa y cachonda como me sentía no quería parar, sentía mucho placer el tener esa verga en mi boca y en mis manos y sabía el placer que le estaba dando a “mi amante”, que precisamente eso era lo que me hacía sentir hembra de verdad.

“Veo que te gusta mamar mi verga como una rica putita, chiquilla mía”. Asentí que sí aún con la boca llena de su enorme falo. Espera, me dijo, quiero que te levantes y te vuelvas a acomodar como al principio pero ahora de frente. Extrañada le dije que cómo. Me levantó y me hizo que me arrodillara enncima del sofá pero ahora viendo de frente de manera que mis nalgas se recargaran en el respaldo del sofá. Hice lo que me ordenó y, tomando de nueva cuenta su verga con sus manos, me la llevó a la boca, de manera que pudiera meterla al ritmo que el quisiera. Golosa abrí la boca esperando que él la pudiera meter hasta donde mi garganta lo pudiera recibir, no se pudo contener de verme así con las nalgas paraditas y con la tanga roja que todavía tenía puesta aún, sentí que me ahogaba por un momento cuando la mayor parte de su verga entró en mi boca cuando se apoderó de mis calientes nalgas y me las oprimió. “Ahhhh, que ricas nalgas de puta tienes chiquita”, exclamó. Traté de sacar un poco su verga de mi boca para decirle: “son tuyas, mi amor”. Pero solo se oyó como un susurro, su verga taladraba mi garganta al ritmo que a él le gustaba, en un momento dejó de acariciarme mis candentes nalgas para llevar sus manos a mi cabeza y, simulando que mi boca se convirtió en una vagina, empezó a “cogerme” por la boca.

Me sentía complacida de ver a mi “macho” cogerme de esa manera, me sentía que le estaba ofreciendo una jugosa y deslizable vagina que le estaba dando placer a su verga. Era tal su placer de “mi amante” que estuvo a punto de venirse en mi boca, pero antes de que ocurriera me dijo: “ufffff… no quiero terminar, no sin antes cogerte por el culito, linda nenita”.

“Sí, amor”, le respondí. Soy tu nenita y necesito que me cojas como mejor te plazca. Me has hecho vibrar con tu trato y con lo que me haces sentir, me siento tan tuya”. Concluí.

“Ven”, me dijo… “quiero llevarte a la cama, necesito cogerte ya”. Sí mi amor… yo también lo necesito.

Pero antes quiero preparar ese culito, necesito abrirlo para cogerte como lo he estado deseando desde que llegué. “¿Cómo mi amor”, le pregunté… Ya lo verás, ahora quiero que te inclines en la orilla de la cama y abras tus ricas nalgas, chiquita. Le obedecí y me incliné tal como me lo pidió. Me dijo que no me quitara la tanga, que eso me hacía verme más cachonda y bien putita. Le sonreí y le comenté que me gusta mucho sentir la lencería rozando mi piel y ahora había sido más intenso el placer porque podía disfrutar de todo lo habíamos hecho sin quitarme ninguna prenda íntima que me había puesto para la ocasión.

Se le facilitó abrirme las nalgas ya que la tanga por su forma, podía dejar al descubierto mi culito que ya estaba deseoso de sentir su miembro viril. Tomándome de la cintura y apuntando su rica cabeza en la entrada de mi orificio anal me empezó a introducir lentamente cada centimetro de esa carne dura y rígida que me estaba llenando poco a poco mi culo ardiente. Mi cuerpo se arqueó al sentir llegar toda su verga hasta el fondo de mi entrada, la mantuvo metida varios minutos para que mi cavidad anal se amoldara a su verga y pudiera meter y sacar con entera libertad.

“ahhhhh, putita, bien que sabes cómo abrir tu rico culo… mmmmmm… se siente cómo la atrapas y cómo la liberas la verga que tienes dentro… y que bien te mueves… tan deliciosa que te ves con esas nalgotas y ea tanga que te hace ver bien cachonda y bien puta… ahhhhh”.

El placer era intenso, no sé cuánto tiempo pasé disfrutando su verga dentro de mi, pero él hacía todo lo posible por no venirse… y yo estaba a punto de reventar. Mis suspiros y quejidos eran más profundos y le dije que ya… que ya no aguantaba más… que deseaba que se viniera dentro de mi culo… ahhhh… así… así… amor… yaaaaaa….! Le exigí. Pero en lugar de concluir sacó su verga de mi culo y me dijo: “Recuerda que te dije que quería preparar tu rico culo para cogerte de la manera en que quiero terminar contigo”. Sí amor… pero es que… ya estoy deseosa de sentirte venir dentro de mi…!

“Con calma, chiquilla… te dije que hoy quiero cogerte de la manera que te sientas más hembra aún”. Y sin más, me acomodó en la cama boca arriba y, sin esperar, se encimó arriba de mí de manera que nuestros rostros quedaron frente a frente al mismo tiempo que buscaba afanósamente meter su verga en mi culo, abrí mis piernas para facilitarle lo que intentaba hacer y, como ya estaba preparado y bastante dilatado, le fue fácil introducirme ese rico miembro viril que tanto placer me estaba dando, al darme cuenta de su acción no pude evitar el reflejo de levantar las piernas y, teniéndolas al aire, podía sentir sus labios besándome los míos y sentir su verga metiéndose hasta lo más profundo de mi ser.

“Ahhhh mi amor… le decía… que rico me estás cogiendo, y me estás haciendo vibrar haciéndome sentir una hembra de verdad”. “Es que te has comportado tal cual deseaba yo lo hicieras esta noche”, me contestó. “Te siento tan hembrita y tan complaciente que siento que te quiero y que cada vez te deseo más y más”. Al escuchar esto no pude reprimir decirle: ¡Te amooooo! Y justo en ese momento sentí cómo su verga explotaba dentro de mi culo y se dejó caer con su cuerpo desfallecido encima de mi, y así quedamos abrazados y un profundo beso nos dimos…

Foto 1 del Relato erotico: Una llamada telefónica que me hizo estremecer...

Foto 2 del Relato erotico: Una llamada telefónica que me hizo estremecer...

Foto 3 del Relato erotico: Una llamada telefónica que me hizo estremecer...




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Detalles



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Codigo do Relato
5274

Categoria
Transexuales

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