LAS JOYAS DE PAPÁ
( Relatos Traiciones )




Nunca había sido partidaria de las reuniones de amigos de papá. La mayoría de las veces buscaba como desaparecer de ellas y meterme en mi cuarto hasta que la casa volviera a tomar su tranquilidad habitual. Fue hasta que tuve cierta edad que pude darme cuenta que sus amigos me miraban con un alto grado de salacidad que decidí quedarme. Así mientras papá presumía todas sus posesiones que era para lo que en realidad los invitaba, mamá y yo competíamos por ver quién acaparaba más miradas.

Entre las cosas que papá presumía con mayor agrado estábamos mamá y yo. Lo hacía con tanta vehemencia que sus amigos no tardaron en codiciar tan preciadas posesiones. Sobre todo que estas dos joyas hacían lo posible por acrecentar la codicia del grupo.

Buscábamos ponernos los vestidos más llamativos y exuberantes para hacer gala de nuestras virtudes. Mamá tenía unos ojos hermosos, grandes, café claros; una boca grande y carnosa y una nariz respigadita; pero los atributos que más llamaban la atención era un busto prominente, unas caderas abundantes y unas nalgas firmes y suculentas. Yo, por fortuna, herede todos los atributos maternos, tanto que a veces las personas nos tomaban por hermanas.

Fue en una de estas reuniones donde papá perdió sus más preciadas joyas sin saberlo. Los invitados, todos hombres, habían llegado convocados por papá para que este pudiera jactarse de haber ganado una apuesta monumental. Mamá se había arreglado con un vestido muy corto, rojo, escotado por la espalda y una abertura sutil en el centro del pecho, dejando a la vista parte de sus prominentes senos. Yo por mi parte había optado por un vestido corto de holanes en volandas y una blusa transparente de tirantes.

Como siempre mucha comida y bebida. Mientras papá conversaba mamá y yo dejábamos que sus amigos nos admiraran, incluso cooperábamos abriendo las piernas y enseñando lo más que podíamos. La reunión hubiera quedado como un episodio de exhibicionismo versus voyerismo, si la excitación de papá no lo hubiera llevado a ponerse completamente ebrio.

Mientras papá se ponía borracho, mamá y yo aprovechábamos para hacer escarceos para dejarnos acariciar por sus amigos. So pretexto de ofrecerles botanas les acariciábamos la pierna con la nuestra, les acercábamos suficientemente el pecho para que les invadiera la idea de tocarlo y pudieran apreciar nuestro perfume. Estábamos tan hartas que el hombre de la casa nos cosificara, nos tratara como objetos que lo hicimos.

En cuanto papá se quedó perdido a causa de la bebida, mamá y yo nos retiramos por un momento, sabíamos que los hombres hablarían de nosotras, de lo genial que nos veíamos, de las ganas que tenían de poseernos, pero que no sabrían si en realidad les estábamos dando entrada o solo era un juego perverso. Así que decidimos ayudarles a que se dieran cuenta.

Cuando regresamos mamá traía el vestido con el escote de la espalda viendo hacia el frente de tal forma que su pecho se mostraba por completo. Yo me había quitado el brasier y obvio se traslucía todo mi encanto. Ambas nos habíamos quitado las bragas. En cuanto nos paramos frente a todos los presentes sabía, ya de que iba la cosa.
No tardaron ni un segundo en rodearnos. Sus miradas estaban ávidas de nuestros cuerpos. Sus manos deseosas de tocarnos. Mamá se quedo con tres de los cinco hombres, cosa que me hizo sentir un poquito celosa. Pero fue sólo un instante. El tactos de aquellos machos me hicieron olvidarme de lo demás.

Me acariciaban de arriba abajo, repasando con gula y deseo mi piel. Acariciando por debajo de mi blusa mis tetas, apretujándolas; magreando con ambición incontrolable mis nalgas, apretujándolas, golpeándolas. Me daba cuenta que mamá recibía otro tanto de agasajos. Uno de los amigos de papá chupaba con furor su vulva, mientras que otro metía las manos entre el escote y apretujaba con furia controlada aquellas tetas enormes y otro más mordisqueaba y beaba sus nalgas.
El calor iba subiendo, papá roncaba animosamente llevando el ritmo de aquella orgia placentera. En algún momento nos colocaron en el sillón de rodillas, haciendo que quedáramos frente a frente. Ver la cara de mamá mientras era abordada y penetrada me llenó de un pudor que subió el color a la cara. Era perversamente placentero ver la cara de goce y excitación que la embargaba, e imagine que ella contemplaba la misma cara en mí, lo que provocara que mi ardor subiera.

Nos levantaron el vestido, y sendos miembro arremetieron contra nosotras. Mientras la verga en turno golpeaba en nuestro interior la cara de mamá y la mía casi chocaba. Sentía su calor y su aroma. Su perfume empezaba a quedar atrás de su piel sudada. Y en un arrebato de éxtasis mamá se lanzo a darme un beso largo y profundo que exacerbó el furor del quinteto de hombres. La lengua de mamá acariciaba mi lengua y mis labios. Las vergas golpeaban con más delirio el interior de nuestro cuerpo y las manos desocupadas se ocuparon en acariciarnos con violencia moderada nuestros cuerpos.

Se turnaban los espacios. Nos cambiaban de poseedor. El éxtasis llegó a su cumbre cuando mamá y yo fuimos penetradas por el ano al mismo tempo mientras otra verga se ocupaba de nuestro sexo. Nos tomamos de la mano mientras éramos encumbradas a la gloría y nuestra bocas conquistaban una verga más. Nos llenaron de su semen dentro y fuera.
Hubo quien se quedo con ganas de más y nos poseyó mientras yacíamos cansadas y tendidas en la alfombra y todos los demás veían. Así es como papá perdió sus joyas más preciadas, desde aquel día ya no fuimos de él. En sus reuniones buscábamos emborracharlo para gozar con los amigos de ocasión.   Éramos libres. Libres de ser poseídas por quien quisiéramos.




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5491

Categoria
Traiciones

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