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Tu recuerdo.


Me remuevo entre las sábanas de tu cama. Hundo la cabeza en tu almohada que está empapada de tu olor, ese olor único tuyo que jamás podría definir acertadamente con palabras, pero si podría reconocer entre miles de personas. Me extasía. Doy una vuelta sobre mí misma hasta que me quedo mirando al techo. Suspiro, después giro mi cabeza lentamente hasta encontrarme con tu cara. Duermes plácidamente, transmites una especie de paz inquietante. Me acerco a tu rostro y deposito un húmedo beso en tus labios; tú ni tan siquiera te inmutas, pero me da igual. Estás agotado, yo lo entiendo, y no me esfuerzo por despertarte, salgo de la cama procurando no hacer ruido alguno, y me dirijo así, desnuda, hasta tu baño, para darme una ducha, no es que quiera dejar de oler a ti, es solo que debo mantener mi higiene personal, eso lo entiendes, ¿no?
Dejo caer el agua sobre mi cuerpo desnudo, cierro los ojos y por un segundo viene a mi mente el recuerdo de anoche, cuando tus labios rozaban cada milímetro de tu piel, es excitante el mero hecho de pensarlo. Enfrío un poco el agua con la finalidad de mantener mi cabeza fría, pero de poco me sirve, porque te he despertado, supongo que ha sido el ruido del agua. Puedo escuchar como te levantas de la cama, de pronto tiemblo, ¿qué harás ahora? Pero eres tú mismo quien responde a mi pregunta cuando de pronto abres la puerta del baño sin llamar siquiera. Pero por qué ibas a llamar, es tu casa. Por un instante se me ocurre que estás adormilado, por lo que utilizarás el servicio sin siquiera darte cuenta que yo estoy detrás de la mampara de tu ducha. Pero me equivoco. Abres la mampara y te encuentras con lo que me has dicho que más te gusta: yo. Estás desnudo, completamente desnudo, recorres mi cuerpo denudo y mojado en una milésima de segundo, te muerdes el labio inferior, y una erección se despierta en ti. Yo me doy cuenta en seguida, y tú también. Te acercas a mí, despacio, no sé si es porque aún sigues algo atontado por el suelo, o porque te gusta hacerme sufrir. Finalmente estás bajo el agua junto a mí. Nuestros cuerpos se rozan, pero no nos hemos besado todavía. Me miras fijamente a los ojos de manera furtiva, deseosa, al igual que hago yo. Te acercas un poco más, siento tu respiración chocando contra mi cara y tu pene excitado contra mi vientre. Quiero que me penetres. Pero está situación hace todo más morboso. Entonces sin que me de tiempo a reaccionar te abalanzas sobre mi boca. Introduces tu lengua de forma rápida a la par que sensual en mi boca. Yo la atrapo y no tengo intención de soltarla. Nos besamos desnudos bajo el agua como sino hubiera mañana. Me encanta. Colocas tus manos sobre mis nalgas, sé que adoras mi culo, adoras todo de mí en verdad, lo aprietas con fuerza, pero sin hacer daño, es como una especie de pellizco. Te muero el labio inferior. Tu te alejas de mi boca lentamente para bajar hasta mi cuello, te detienes en él, lo chupas, lo lame a conciencia, mientras yo me derrito entre tus caricias y lametones. Tus manos dejan de estar en mi trasero para subir hasta mis pechos, primero lo haces con las dos, las colocas sobre mis redondos y bonitos pechos, los aprietas con más fuerza ahora, dejas tu mano izquierda en mis senos, a la vez que sigues lamiendo y mordiendo mi cuello, pero con tu mano útil, bajas por mi vientre pausadamente, haciendo que tiemble, porque sé donde terminara esa mano, tan solo quieres hacerme sufrir. Pero finalmente llegas hasta mi sexo, lo acaricia primero superficialmente, esta suave, depilado, como te gusta a ti, con tu dedo índice y corazón te abres paso entre mis labios exteriores hasta llegar a mi vagina, introduces un primer dedo que hace que una corriente eléctrica me recorra de la cabeza a los pies, te das cuenta, por lo que decides meterme un segundo dedo, provocando que otra corriente eléctrica recorra mi pequeño cuerpo. Mueves tus dedos dentro de mí, los mueves despacio, y me gusta. Yo siento la necesidad de recompensarte así que con mi mano hábil busco tu pene y al encontrarlo lo masajeo lentamente, te gusta, lo sé. Está bastante grande y duro, una típica erección matutina de las tuyas. Siento que has sacado los dedos de mi interior, pero tu mano sigue en mi sexo, me pregunto qué harás ahora, si vas a penetrarme ya o vas a jugar más conmigo. Tu dedo corazón se posa en mi clítoris, y lo aprieta para un segundo después moverse en círculos sobre él, y entonces a mí me tiemblan las piernas, pero eso no hace que tú pares, sino que al contrario aumentas el ritmo de tu dedo sobre mi hinchado y excitado clítoris. Yo solo quiero tenerte dentro de mí lo antes posible, pero sigo masajeando tu pene, también más rápido, quizá así, te decidas a meterlo ya en mi interior. Y como se nota que te conozco, porque entonces lo haces. Primero me apoyas contra la pared, después me obkigas a rodearte las caderas con las piernas, tú posición preferida, y entonces, sin previo aviso, en una rápida y fugaz embestida, tu pene está dentro de mí. Suelto un grito ahogado de placer, y tú reprimes un suspiro, tan reservado como siempre. Empiezas a mover tus caderas para penetrarme mejor, tu pene duro y gordo está penetrándome con fuerza, entra y sale de mi vagina con facilidad debido a mi alto nivel de lubricación. Tú vas cada vez más rápido, y esto provoca que tu pene salga de mi vagina, pero no importa, lo introduces de nuevo con una facilidad y una debilidad pasmante. Me gusta mucho como me lo haces, te acaricio el cuerpo entero mientras me penetras a una velocidad constante. Me besas de vez en cuando, otras veces me muerdes el cuello o los pechos, sobre todo los pezones, y eso hace que quiera correrme ya, pero a ti parece que te quedan fuerzas, así que me obligo a mí misma a esperar algo más.
Sigues sin parar, hasta que de pronto sientes que te vas, lo siento yo también, te conozco tanto, que ya reconozco los pequeños suspiros que das antes de venirte dentro de mí, después, tiras de mi pelo y comienzas a ir más deprisa, entonces, con pequeños espasmos continuos expulsas todo tu semen en mi interior, yo lo siento recorrerme, está muy caliente, y un segundo después, cuando aún está tu pene dentro me voy contigo, empapándote de cintura para abajo, como de costumbre tiemblo y entera, y tú mientras sales de mí, sueltas una pequeña risita traviesa, para después depositarme en el suelo, darme un beso mojado en los labios y salir del baño con el pene aún algo erecto para que yo pueda ducharme.





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Nombre do Relato
Tu recuerdo.

Codigo do Relato
2180

Categoria
Heterosexuales

Fecha Envio
13/oct/2012

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