Mi ama gloriangel
( Relatos Sadomasoquismos )





MI AMA GLORIANGEL Conocía mi ama Gloriangel en Internet hace ya como dos años. Al principio ella no tenía mucha experiencia en esto de las relaciones de dominación/sumisión, pero cuando le confesé mis más íntimos secretos fue entrando en ellas con naturalidad, como si llevara algo dentro que la hiciera ser ama de una forma natural. Ella es de Venezuela y yo soy de España. Me llamo Antonio, tengo 40 años y le llevo a ella 15 años de diferencia. Nuestra relación ha sido hasta por Internet y por medio de e-mail. He de confesar que mi ama Gloriangel tiene los ojos negros, muy negros y una mirada de esas que te dejan helado y que te llevan a postrarte ante ella y a decir algo así como “soy suyo Ama Gloriangel, puede usted hacer conmigo lo que quiera”. Tiene el pelo castaño que la cae en media melena, la nariz respingona y una sabrosos labios que le dan un atractivo muy especial. Y sobre todo, es de una plecara inteligencia y lucidez que la hacen una mujer maravillosa para adorar, reverenciar y postr! arse ante ella para dejarse llevar por su carácter como si fueras a la deriva, pero a la vez seguro de ella, de su integridad, de su saber estar y de su elegancia, aun cuando duerma. Es una mujer segura de sí misma que sabe siempre lo que quiere y que tiene una personalidad que te asombra y apabulla. El problema de nuestra relación era que los dos teníamos trabajo en nuestros respectivos países y que no nos podíamos mover. Pero eso no es óbice para dos personas que se aman. Al principio de la relación yo le fui confesando mis más íntimos secretos y ella, aunque andaba un poco reacia pues sabía que nuestra relación era difícil debido a la enorme distancia que nos separaba, fue complaciéndome poco a poco, hasta que se metió de lleno en el papel y noté que le comenzaba a gustar. Nuestra relación era difícil así que le pedí que me enviara sus húmedas braguitas para poder adorarla en la distancia, olerla, sentirla muy cerca y dormir por las noches con mi cara apoyada en ella para sentirme como suyo, más suyo, eternamente suyo. Yo me apañé una especie de cinturón de castidad, me lo puse y le envíe a ella la llave por correo para que al tenerla supiera que a miles de kilómetros, un hombre, su hombre, estaba en castidad permanente por ella, porque no quería tener ningún placer que no pudiera compartir con ella, que ella le provocara. Ella, por supuesto tenía libertad para gozar allí con otros porque en nuestro trato estaba claro que ella tenía todo el poder sobre mí, toda la libertad y yo no tenía ninguna pues se la había entregado a ella para que ella gozara con mi sufrimiento. Quedó claro entre nosotros que yo era masoquista y que mi placer consistía en sufrir al verla a ella gozar. No sé si me puso los cuernos, pero un día muy concreto dejó de llamarme Antonio y comenzó a llamarme Cornudo Sumiso. Supuse que por fin había gozado con la pija de otro macho y aunque al principio me dolió, pronto descubrí que me excitaba, que mi pija se ponía dura al saberlo porque me sentía feliz al saber que ella goza! ba. Y que ya era de verdad su cornudo sumiso. De por vida. Fue entonces cuando le propuse que nos casáramos. Yo le enviaría mi partida de nacimiento al consulado de Venezuela y nos casaríamos por poderes. Así lo hicimos y un día amanecí casado por fin con mi ama Goriangel, aunque la noche de bodas la celebró ella con un chico muy guapo que había conocido en una fiesta y lo celebró como debía, gozando como una loca. Y yo feliz y excitado al saber que ella gozaba de verdad y me hacía más cornudo sumiso. Y así seguimos por algunos meses, carteándonos por e-mail, hasta que un día me comentó que su jefe le había propuesto un trato. “Yo te amo, cornudo mío, pero ese hombre me vuelve loca de excitación, la tiene más grande que tú y además me ha propuesto una idea que nos va a permitir estar juntos en el futuro”. Según me comentó él le había propuesto un trabajo en España con la condición de que fuese su amante aquí durante un año. En ese tiempo yo claro, su marido, no podía tocarla. Me llamó por teléfono y me lo comentó. Y yo le respondí que lo entendía y le digo que sí, que consiento.

- ¿Qué dices cornudo mío?. - Que consiento.

- ¿Qué consientes?.

- Que te acuestes con ese chico y que me pongas los cuernos.

- ¿Quieres ser cornudo? - Sí, quiero.

- ¿Qué quieres?.

- Quiero que me pongas los cuernos - Por qué - Porque así te amaré más. - Pero ya sabes, cornudo mío, que pese a que me acueste con él tu no puedes tener placer, ni tocarte, ni tan siquiera mirar a otra mujer por la calle. Y pese a ello aceptas ser mi cornudo sumiso.

- Sí, lo acepto. - ¿Qué aceptas? - Ser tu cornudo sumiso. - ¿Te gusta que mientras tu mujer te pone los cuernos con otro, tiene placer con otro, tú no puedas ni acariciarte sin mi permiso?.

- Sí, me gusta y me excita mucho.

- Por qué.

- Porque soy tu cornudo sumiso.

- Y porque te gusta sufrir por mí.

- Sí, Gloria, me excita que me hagas sufrir.

- Y porque cuanto más cornudo te haga me querrás más, verdad.

- Sí, Gloría, cuanto más cornudo me hagas, más goces tú y más me impidas a mi gozar, más te amaré.

- Entonces tendré que hacerte muy cornudo amor mío, porque quiero que me ames con toda tu alma.

Así fue como ella se trasladó a España a trabajar y a vivir en el piso de su amante, que al final del tiempo pactado sería suyo. Yo sólo podía visitarla algunos domingos que él no estaba, para dejar que ella me pusiera sus braguitas usadas y poder así sentirla junto a mi pija en todos los momentos del día al estar en contacto con la tela que había tocado su adorable sexo. Y también me permitía lamerla y lamerla, labor a la que me entregaba con frenesí y devoción, aunque supiera que el excitarla más con mis lamidas, serviría para que ella más gozara luego con su amante. Pero me sentía feliz porque cuando estaba junto a ella, y me quitaba el cinturón de castidad para acriciarme con sus pies mi pija, veía en el brillo de sus ojos que era feliz y que estaba satisfecha. Luego me colocaba a cuatro patas sobre la mesa, se ponía un guante negro de esos largos y me acariciaba y apretaba las pelotas, para ver como estaba su semen, su leche hidratante como ella lo llamaba, porque lo ! utilizaba para mantener tersa la piel de sus pies. Me las estiraba, las estrujaba, las apretaba, las compría y cuando comprobaba el estado de su carga, decidía o no ordeñarme según la simiente que hubiera encontrado en ella. Casi siempre se mostraba huraña e insatisfecha porque decía que generaba poco producto, y como sabía que cuando más excitado estaba más leche producía, decidió excitarme más para que su despensa estuviera más llena. Y aquí es donde entraba la personalidad de mi ama Gloriangel porque ella me conocía profundamente y sabía que es lo que más me excitaba.

- Voy a tener que ponerte más los cuernos en tu presencia, cornudo mío, -me solía decir-, porque sé que lo que más te excita es verme en brazos de otro, follada por otro y que te humille al hacerte cornudo. Así tendré suficiente semen para que mis pies estén más bonitos.

Y entonces me hacía asistir a sus cojidas con su amante para tenerme más excitado y que produjera más de su producto. Y yo la veía allí con él, y me humillaba ante ella diciéndole lo que a ella le gustaba tanto: Sí mi ama Gloriangel, -le decía animándola-, goce usted cuanto quiera porque yo la amo tanto, con tal entrega y sumisión, que soy feliz sufriendo humillado para que usted goce, porque me excita verla gozar con él, llena de su gorda pija, corriéndose como una loca, y bien follada como la hembra que usted es y por un macho que se la merece. Que bien folla usted con él mi ama, que placer veo que siente, que delicia saberme cada día más cornudo para que usted goce.





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