No te exhibirás
( Relatos Heterosexuales )



Esta historia sucedió hace poco menos de dos meses, cuando yo contaba aún con 16 años de edad. Estaba yo aburrido, acababa de visitar en Internet algunos sitios de relatos pornográficos, cuando se me ocurrió poner en práctica el exhibicionismo. Antes de continuar debo aclararles que en aquel entonces vivía en un edificio de siete pisos, del barrio de Villa Urquiza, en Buenos Aires, y que en la terraza hay una escalera a través de la cual se accede al nivel donde se encuentra el tanque de agua que provee de la misma al edificio. Desde el lugar en donde se encuentra el tanque se pueden divisar varias ventanas de departamentos de edificios vecinos, y algunas del propio edificio. La más cercana es la de un lavadero de un departamento del edificio inmediatamente contiguo (hacia la izquierda), también se puede ver la ventilación de un baño del edificio de la derecha a través de la cual se puede advertir el torso desnudo de cualquiera de quienes viven allí en cuanto se bañan. Gracias a ello más de una vez pude verle las hermosas tetas a una escultural señora de alrededor de treinta y cinco años, que habitaba en esa unidad departamental. Ella jamás se percató de mi presencia.

Por otra parte, y volviendo a "la búsqueda de diversión" a la que me referí anteriormente, mi exhibicionismo consistía sencillamente en quitarme lentamente la ropa apenas divisase una mujer colgando la ropa en su ventana o simplemente abriéndola, sin considerar su edad. Una vez desnudo, no me vestía hasta no finalizar la experiencia, pero me escondía en cuanto veía algún hombre. Creo que seré un futuro nudista. Calculo que alrededor de seis mujeres, entre ellas una menor, ya me conocen como Dios me trajo al mundo. Todo esto lo hacía sin exponer mi rostro (me lo cubría con alguna prenda, que dejaba al descubierto mi contextura física, con lo que no sería tan difícil reconocerme), ya que luego podrían rememorarme por la calle y avisarles a sus maridos, quienes me golpearían o denunciarían, lo que tornaría públicas a mis fechorías, o quizás ellas mismas me encontrarían, y quien sabe que dirían o harían. Con el tiempo, me fui cubriendo menos el rostro, para verle mejor la cara a! la persona ante la cual me exhibía (quería ver su reacción).

Al parecer los intentos por no ser identificado no duraron mucho, y una oscura mañana al dirijirme hacia mi escuela(a las siete de la mañana aproximadamente), y a pocos metros de la puerta de mi edificio, fui interceptado bruscamente por una señora de, calculo, cincuenta años, (que luego me enteré que se llamaba Elena) que me increpó y dijo: Si no querés que te delatemos vení esta noche. Es en aquel edificio (y me señaló el edificio vecino de la derecha), sexto piso B.

- ¿Que dijo? ( me hice el desentendido)  Que si no viene esta noche a nuestro departamento todo el mundo se va a enterar de lo que hacés. ( y me mostró una foto en la que yo estaba totalmente desnudo zarandeando una media blanca, se me reconocía perfectamente) y advirtió:  Y no es la única.

Me asuste mucho, no quería que esa foto se divulgase, tenía mucho que perder. En ese momento no se me ocurrió arrebatarle la foto con violencia. De todos modos debían conservar los negativos, o las otras fotos, si es que existían.

Me extrañó que aquella mujer me haya hablado en primera persona del plural, eso significaba que debía tener familia o algo así, y seguramente un marido que me iba a pegar o extorsionar (jamás pensé que podía ser un hombre comprensivo).

Realmente no sabía que quería esa señora de mí. Podría ser que me quisiese incluir en una orgía con su marido y ella o quizás querría abofetearme hasta el cansancio. Ideé muchas suposiciones como estas y otras tantas en las que no me veía tan bien parado. Me tuve que arriesgar, estaban en juego mis estudios y mi imagen, que en este caso me interesaba cuidar. Me vestí de joging y buzo (era pleno invierno) y finalmente, esa noche, a eso de las nueve, fui a donde “habíamos acordado” (por obra y gracia de Dios mis padres fueron a una fiesta del trabajo de papá -25° aniversario de la empresa- así que no notaron mi ausencia). La misma señora que había visto esa mañana bajó a abrirme la puerta de entrada del edificio, tras haberla llamado por portero eléctrico a la hora indicada. Ella era una persona de estatura media y flaquita. Estaba todo el tiempo con cara de enojo. Vestía una campera de jean sobre un buzo de algodón colorado y un jean azul bastante ajustado y desgastado, con botas de cuero negras. Encima cuando pisaba hacía el mayor ruido posible. Evidentemente quería parecer más joven y llamar la atención. Subimos en ascensor. Ninguno de los dos habló allí. Yo tenía mucho miedo por lo que iría a pasar. Llegamos a la puerta de su departamento, yo temblaba a pesar de que estaba adecuadamente abrigado.

Cuando abrió la puerta vi a dos mujeres más, ambas sentadas en un sillón (que luego supe que eran amigas): una era muy joven, rondaría los 25 años y la otra, tendría alrededor de cuarenta años que no tuvo mayor intervención en lo ocurrido. Ambas se acercaron a Elena en cuanto llegó junto conmigo. El hecho de no haber a un hombre me había tranquilizado mucho.

La más joven, supe luego, se llamaba Claudia. Era verdaderamente hermosa de pies a cabeza. Su rostro era angelical: pelo rubio ondulado hasta la altura del pecho y ojos verdes claros. Tenía una voz muy sensual con la que te podía convencer de hacer cualquier cosa, y un cuerpo que ni hablar: unos pechitos bien firmes y una cola más que evidente. Ella vestía muy sexy: un top negro bastante apretado (se notaba a la legua que no usaba corpiño) y una minifalda color sangre muy llamativa. No se como es que no sufría el frío!. Calzaba unas sandalias que se sacaba y ponía continuamente como jugando con sus pies, cubiertos con socks azules. Claudia era una verdadera belleza: sus ojos azules y su cabello, la hacían una mujer irresistible. Para mas detalles, era de piel bastante pálida.

Por su parte, Zulma, la de alrededor de 40 años, era una señora de cabello negro enrulado, ojos verdes, y muy alta que para esta ocasión vestía un piloto marrón clarito (y eso que no llovía) y un joging azul deportivo. Calzaba zapatos de tacón con medias de hilo marrones. Sus prendas no concordaban en lo más mínimo. Ella tenía pelo castaño lacio hasta la nuca y rasgos orientales. Estaba maquillada y sus labios estaban pintados de violeta.

Apenas me vio, Claudia dijo: - Señorito: usted va a ser lo que le pidamos sino quiere que se enteren de lo que Elena nos contó que usted hace, así que, por empezar sáquese las zapatillas.

La mire desconcertado. Ella me respondió mirándome fijamente, con sus penetrantes ojos azules por lo que segundos después ya había acatado la orden dejando las zapatillas justo frente a mí.

 Mirando hacia el piso, agregó Elena cuando vio que estaba mirándoles las caras.  Mejor hacia nuestros pies, agregó Zulma.

 Si, mejor, respondió Elena.

Todo me resultaba muy raro, pero no me molestaba acatar esas órdenes, pensé que no pasarían mucho de allí. Tendría que soportar algunas palabras como esas sin reaccionar y nada más. Eso creí en aquel momento, pero el pronóstico me falló...

- También las medias, se sumó Claudia.

- Pero me voy a ensuciar los pies.

- Esa es nuestra intención, me respondió elevando su tono de voz y riéndose simultáneamente.

- Además, así vas a aprender a comportarte. - Mirá, te voy a ayudar, sólo porque soy buena, se sumó Zulma.

En ese momento vino Zulma, se agachó, y bruscamente me sacó cada una de las medias con unas manos muy frías, mientras Elena lo disfrutaba. Luego, me las arrojó sobre mi rostro.

- Ahora venía darme todo eso, que te voy a dar una sorpresa, dijo Elena.

Me acerqué a ella lentamente y el entregué las cosas. En ese momento comprobé que el piso estaba realmente frío.

-¡Quedate acá! Ahora te voy a dar la sorpresita. Casi en ese mismo instante, estaba pisándome los pies con sus botas negras para demostrarme su superioridad. M e dejó los pies colorados.

- Uy, perdoname, me dijo irónicamente mientras se reía. Ahora andá a donde las chicas y preguntales que quieren hacer con vos.

Me aproximé a ellas, y sin haber llegado todavía, escuché como Claudia me indicaba que me ponga en cuatro patas, como los perritos.

Con poquitísima voluntad obedecí aquella orden para evitar que la situación empeorara. Casi instantáneamente, Zulma me preguntó con gran amabilidad si sentía frío.

 Si, respondí enérgicamente sin levantar la vista.

 Entonces sacate el buzo, dijo ella burlándose.

 ¿Porque?, Pregunté.

 Porque yo quiero, dijo seria.

Lentamente pero sin titubear me lo saqué y lo apoyé en el suelo. - Y agradecé que no te hago sacar la camiseta.

Fue en ese momento cuando Claudia, que se había ubicado nuevamente en el sillón, avisó a sus amigas:  Tengo una idea!! E inmediatamente tomó mi buzo de donde se hallaba y me habló:  Vení pibe. Arrodillate a mis pies. Siempre quise tener un hombre a mis pies.

Me acerqué en cuatro patas y me arrodillé ante ella al tiempo que Elena y Zulma nos miraban asombradas.

- Te voy a dar lo que te merecés.

- Muy bien pibe, Ahora podés tener el honor sacarme las sandalias.

 (Lo hice)Excelente.

Claudia apoyó mi buzo en el suelo para apoyar sus pies sin ensuciarse las medias, según dijo.

 Bueno querido, enseguida vamos a jugar un poquito, pero antes te voy a pedir que para continuar por favor me saques las medias. Con delicadeza por favor.

 Paren, paren, que primero se saque la camiseta, dijo Zulma.

 No, dejá que yo se la saco, dijo Elena al tiempo que se me acercaba rápidamente...

 Párese un momento por favor.

 Levante los brazos.

Lentamente y con las manos bien frías, me fue sacando la camiseta mientras Claudia y Elena aplaudían con cierta excitación.

 Muy bien Zulmita, pero Ahora déjenmelo un momento para mí. A propósito pibe, estaba sacándome las medias...

Comencé a sacarle las medias tal como me lo había ordenado.  Más rápido, me gritó Claudia al ver que yo tardaba Finalmente se las saqué y se las di. - Ahora besame los pies.

Yo me quedé atónito, a lo que Claudia respondió con un, ¿qué, no querés? - Mejor que lo hagas porque si no vas a terminar por lamernos el culo, me dijo mientras me acercaba el pie a la cara sonriendo.

Asustado por la amenaza, asentí con la cabeza.

 Y ni se te ocurra ni siquiera intentar mirarme la bombacha.

Lo hice con asco, pero lo hice. Y allí tuvo lugar una de las peores partes...

 Acercate, me dijo Elena desde una silla en la que había logrado ubicarse. De rodillas así entrás en contacto con el resto de la basura.

Lentamente me acerqué a ella, que me esperaba ansiosa...

 Ahora me vas a dar la espalda, con la cola hacia mi lado. ¿De acuerdo?.

 Si, titubeé.

 No se dice “si”, se dice “si mi princesa”.

 Si mi princesa, me corregí.

 Ahora te vas a poner como te dije y no te vas a voltear por nada del mundo. ¿ Entendiste?  Si mi princesa  Bien, yo Ahora te voy a hacer algunas preguntitas y vos me vas a responder con la verdad. Si?  Si mi princesa  Mejor decime princesita  Muy bien princesita  Bien, Ahora empiezan las preguntas. No te olvides que tener que responder con la verdad. La princesa tiene que saberlo todo:  ¿Tenés hermana?  Si princesita.

 ¿Cuantos años tiene?  19 princesita.

 ¿La viste alguna vez desnuda?  No princesita.

 ¿Seguro?  Si, seguro.

 ¿Y en ropa interior?  Tampoco princesita  Mucho no te creo, pero bueno... Elena acercó sus manos a mi pecho. Era evidente que ya se había sacado la campera de jean. Comenzó a masajearme la zona con énfasis sobre mis tetillas con las manos bien frías, y continuó el cuestionario...

 ¿ Y que pensás de mí? ¿Soy linda no?  Sí, muy linda princesita (por supuesto que estaba mintiendo), respondí sin siquiera poder verla porque aun me mantenía dándole la espalda.

 ¿ Y que te gusta más de mí? Insistió desconfiada por mi respuesta.

 Todo.

 ¿Todo?  Bueno gracias, ya te voy a recompensar entonces, pero antes, sacate los pantalones. Salvo que quieras que te ayude. La situación, desde ya, era más que irritante, pero las amenazas ya me habían atemorizado lo suficiente como para nisiquiera intentar oponerme.

Lentamente me bajé los pantalones y los dejé en el suelo mientras Claudia y Zulma me miraban con desprecio y cierta excitación.

 Muy bien, dijo Elena. Esto empieza a gustarme.

 A mí también, dijo Claudia, quien si me podía ver de frente.

 Y a mí, dijo Zulma.

 Bueno chicas, pero todavía es mi turno, les advirtió Elena, después se lo dejo todo para ustedes. Eso último lo dijo prácticamente sobre mi oído a sabiendas que yo no me animaría a reaccionar. Luego, continuó dirijiéndose a mi:  Ahora esperá un minutito que te voy a dar la recompensa ...te va a gustar.

 Después me hicieron ubicar en el centro del ambiente, ya sólo llevaba el calzoncillo puesto. Zulma tomó una tijera y cortó el lateral izquierdo de la prenda hasta su extremo superior, y colocó luego la tijera como si fuere a cortar también ese extremo. Yo temblaba, no quería que me vean desnudo. Zulma se dió cuenta de ello. Por eso hizo lo mismo con el otro lateral, de modo que mi calzoncillo pendía de dos extremos en los laterales de mi cuerpo, que podían romperse al primer tirón que se les de y permitían descubrir mi pene o mi ano en cuanto ellas quisieran. En ese momento fue cuando Zulma me dijo: - Date vuelta y apoya la cabeza en el suelo. Me apoye como me lo habían indicado, sin apoyar el calzoncillo. Mi cola quedó levemente levantada, mientras que mi calzoncillo se había acomodado perpendicular al suelo , por lo que mi miembro se podía admirar de perfil. Pero eso último no les intereso (o no se percataron) a las mujeres de las que les hablo.

Continuando con el relato les comento que luego de cumplir esa orden, sentí cierto frío en mi cola. Claudia me estaba levantando y bajando esa parte del calzoncillo como para provocar la risa de Elena y Zulma acuestas de mi vergüenza. Luego se me acercó y me manoseó el miembro desde mi espalda y sin siquiera verlo. Todo terminó con otra orden de Zulma.

- Sacámelas (señalándome sus medias). Había apoyado sus pies sobre mi buzo, cuestión que no se le ensucien las media.

Seguidamente, Zulma se levantó del sillón dejándole más lugar a Claudia, quien me dijo que me suba al sillón. Sin mayores contratiempos, y evitando que se me levantara el calzoncillo en el movimiento, me subí.

-Arrodillate, dijo ella.

En cuanto acaté su orden, se quitó sus sandalias y puso sus pies descalzos en el aire, a la altura de mi cara, muy cerca de mi boca. Me indicó, como me lo imaginaba, que le lama las plantas de sus pies. Durante aproximadamente cinco minutos me debí abocar a esa tarea, pero todo terminó repentinamente: yo admiraba su bombacha, que se veía perfectamente, debajo de su minifalda, cuando ella se dio cuenta, e inmediatamente delató el hecho. Un segundo después, Elena estaba arrancándome el calzoncillo. Claudia dijo entonces: - Embromate por mirón. (y comenzó a reír). - Elena agregó: mi sobrino la debe tener más grande.... -A mi me gusta, dijo Zulma.

No tenía ya casi ropa sana para cuando volviera a casa. Todas comenzaron a burlarse de mi, yo solo mantuve la cabeza gacha. Entre tanto, Claudia decía aun no estar satisfecha, así que debí continuar, ahora totalmente desnudo, lamiendo sus pies. Era realmente humillante y Claudia lo sabía. Sentí cierta excitación, esa humillación me empezaba a agradar, pero ellas se aseguraron que esa sensación no llegase a más.

-Te voy a hacer un favor, dijo, si logras tocarme donde yo te diga sin que se te erecte el miembro, te dejamos libre ya. ¿Aceptás? (decía mientras se reía) -Si, por supuesto.

Claudia se quitó la remera, sus pechitos eran como limones. Me tomó la cabeza y la inclinó sobre uno de ellos. Desde luego, mi pene se erectó. No solo eso, sino que eyaculé sobre su minifalda y parte de sus torneadísimas piernitas. Claudia se la quitó y la arrojó en el suelo.

- No pude evitarlo.

-Muy mal joven. Bájese del sillón y vuelva a donde estaba, me dijo tiempo después. Había quedado sólo con su bombacha y no pretendía vestirse.

Aún no había sido el turno de Elena, quien se mantenía parada desde que había comenzado todo esto. Ese era su momento. Ella se agacho nuevamnete, tomó mi miembro desde abajo fuertemente y dijo: ahora me toca a mí...

- Acostate mirando hacia el suelo Una vez en ese estado me obligaron a cerrar los ojos durante un largo rato y luego me posicionaron (y de paso me manosearon un poco más) de tal forma que lo primero que ví al abrirlos fue a Elena completamente desnuda y de espaldas. A pesar de su edad, su figura se mantenía en buen estado.

En toda su cola (incluso en el ano) y sus piernas tenía esparcida mermelada.

- Que no quede una sola gota, dijo mientras Zulma sacó un preservativo de su bolsillo y me lo colocó inmediatamente, según dijo, para evitar nuevas complicaciones.

Empecé, como es lógico, de abajo hacia arriba. Por suerte, estaba depilada. La peor parte fue la primera: cuando debía lamer su talón mi cola se levantó por la posición en que debía ubicarme, por lo que Zulma, aprovechando ello me introducía y sacaba continuamente un lápiz en el ano, lo que me causaba mucho dolor. Paró en cuanto llegué a las nalgas, querría ser testigo de lo que vendría. El sabor de la mermelada era muy rico, no así el de su piel, que era seca y a la vez un poquito dulce. Las nalgas no fueron la excepción. Zulma y Claudia miraban el hecho atónitas, pero listas para reaccionar ante cualquier reacción mía que considerasen inadecuada.

Cuando terminé con esa parte del cuerpo de Elena me tomé un segundo para descansar, y en ese instante, me dí cuenta que Claudia se había quitado la bombacha y estaba masturbándose. Sus pechos se notaban más que duros y más rosaditos. La miré, y me miró. Eyaculé nuevamente., pero el preservativo no dejó salir a mi semen. Sentí una calma general y luego cierto cansancio. Debí terminar con Elena.

Jamás me había sentido tan humillado e indefenso. Por ultimo, Elena volteó su cuerpo y elevó mi cabeza : Ahora debía succionarle con la boca cierta mermelada de otro sabor (creo que era de naranja). Empecé por sus piés: mientras se los lamía Continué por sus piernas y llegué a su sexo. Ya había eyaculado, así que a esa altura no sentí placer alguno.

-¿Te excito? (ella no se había dado cuenta que yo había eyaculado)(levantándome la cabeza para luego apretarse las tetas). - Si, dije para congraciarla.

- ¿Ah si?¿Que es lo que más te gusta de mí? - Sus senos, dije.

- Muy bién, entonces pará acá, vos no merecés sentir placer.

-Te tengo un regalito: cerrá los ojos y abrí la boca. Puso su sexo sobre mi cara y empezó a orinar sobre mí boca y no paró hasta ensuciarme todo.

- Decí gracias, me dijo.

- Gracias.

Me permitieron volver a mi casa recién a la una de la mañana con apenas una pollera más la foto, que me regalaron “por los servicios prestados”.




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Heterosexuales

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