La ebria
( Relatos Heterosexuales )


Eran las 11:30 de la noche y caminaba por Rengo en dirección a O'Higgins cuando en una esquina se me atraviesa una mujer visiblemente ebria. Con la voz pastosa me dice:
— Hola, rico… estoy curada hasta las patas y no cacho nada. Se me quedaron los lentes donde mi amiga y soy corta de vista, así es que no cacho nada. Sé que eres hombre pero no distingo bien tu rostro.
— Así veo.
— Hollé, ¿te pido un favor?
— Dime.
— Llévame hasta mi casa.
— ¿Dónde vives?
— En Chacabuco con Lincoyán; sola no llego ni cagando, por favor.
Lo pensé un momento y luego le respondí afirmativamente. Hice que apoyara su brazo izquierdo en mi hombro y la tome de la cintura. Así partimos, tambaleándonos de un lado a otro. Media hora después estábamos frente a su casa. Ella me dijo:
— En mi cartera están las llaves.
— ¿Y tus padres?
— Vivo sola.
En ese momento pensé que sería muy fácil aprovecharme de ella considerando su estado y que viviese sola. Abrí su cartera y hurgueteé hasta dar con las llaves. Probé una por una hasta que por fin pude abrir. Guarde las llaves, la tome y entramos a su casa. Con una patada cerré. Le pregunte:
— ¿Dónde está tu dormitorio?
— Derechito por el pasillo, al final.
Golpeándonos en las paredes llegamos a su dormitorio. Di la luz y la deje recostada sobre su cama. Le dije:
— Espera, voy a prepararte un café.
Salí del dormitorio buscando la cocina. Luego de encontrarla puse la tetera en la cocina y preparé una taza de café bien cargado. Decidí ir a ver cómo estaba. Al entrar en su pieza me encontré con la sorpresa de hallarla vestida sólo con su ropa interior y en una posición no muy femenina pero si bastante provocativa. Tenía buen cuerpo, especialmente sus pechos: grandes y firmes. Le pregunte:
— ¿Quieres ponerte el pijama?
— Si, pero no me puedo empelotar; apenas pude sacarme el vestido.
— ¿Dónde tienes tu pijama?
— Debajo de la almohada, ¿supongo?
Levante la almohada y saque su camisón.
— Aquí tienes tu camisón.
— Ayúdame a ponérmelo, por favor…
— Ya, espera; voy a la cocina.
Fui a la cocina y corte el gas. Serví la taza y volví a la habitación. Segunda sorpresa de la noche: se había bajado el sostén y sus pechos estaban desnudos. Grandes areolas, igual que sus pezones, tenía.
— Estoy raja; ni siquiera puedo sacarme el sostén. Ayúdame.
Deje la taza y subí a la cama. Con bastante dificultad se lo pude sacar. Pensando que hasta ahí no más llegaba me lleve la tercera sorpresa cuando me pidió que le ayudara a sacarse el calzón. Eso denotaba que estaba lo suficientemente borracha como para estar tan desinhibida. Me moví a los pies de la cama, tome los bordes del calzón y se los baje hasta quitárselo. Sus piernas quedaron separadas pudiendo así ver completamente su vagina. Yo ya estaba bastante excitado y la tentación era demasiado grande. Su voz algo desesperada interrumpió mi pensar:
— Llévame al baño, por favor, parece que voy a vomitar…
Baje rápidamente y la ayude a pararse. La tome por detrás y la lleve hasta el baño. Por suerte la tapa del inodoro estaba abierta. La ubique al frente, ella se agacho, se afirmo en el estanque y comenzó a vomitar. En esa posición su culo estaba apegado a mi pelvis y podía sentir como mi falo palpitaba. Mi excitación era mayor que el asco y sin pensarlo más baje la cremallera del jeans y saque mi falo. Me aparte un poco y ubique mi verga en su sexo. Apenas sentí que el glande estaba entre los labios empuje violentamente hacia adentro. Ella grito sorprendida, pero luego siguió vomitando. Tomándola de la cintura comencé a fornicarla impetuosamente. No sé si se había dado cuenta o estaba tan borracha que le era imposible percatarse que la estaba violando. Sólo se quedo allí, sin quejarse ni gritar, haciendo arcadas de cuando en cuando. Unos segundos después acabe aguantándome de no jadear para exteriorizar mi goce. Me retire hacia atrás para sacar el falo y me lo metí dentro del jeans. Luego le pregunte:
— ¿Estás lista?
— Sí. Me hiciste vomitar todo.
Si que estaba ebria como para haber creído que mis movimientos pélvicos habían sido parte de una forma para estimular sus vómitos. Tire de la manilla del inodoro y la lleve hasta el lavamanos. Hice que se enjuagara con agua la boca y luego la lleve casi dormida hasta la cama. Ya era casi imposible mantenerla despierta. Cayó a la misma de tal forma que su culo quedo levantado y la mitad de sus piernas, separadas, fuera de la cama. Mirarla así me excito nuevamente y si ya la había violado una vez, dos no agregaba ni quitaba. Volví a sacar mi falo y me ubique entre sus piernas. Separe con una mano una de sus nalgas y apunte mi verga hacia su ano. Luego de cuatro intentos pude finalmente penetrarla. Ella ni siquiera despertó. La tome de las caderas y empecé a sodomizarla con calma. El hecho que estuviese dormida me facilito la tarea, ya que tenía los músculos relajados. La goce intensamente y unos minutos después acabe nuevamente. Partí al baño y me lo lave. Al volver al dormitorio ella se encontraba en la misma posición roncando fuertemente. Retire las tapas de la cama y la metí dentro de la misma. Me iba a ir cuando decidí manosearle los pechos. Hice atrás las mantas y le sobe los pechos con fuerza. Ella ni siquiera despertó. Me excite nuevamente y resolví violarla nuevamente. Me saque el jeans y el calzoncillo. Hice atrás las tapas de la cama y subí a la misma. Me acomode entre sus piernas, la penetre y comencé a fornicarla por tercera vez. Ni las fuertes arremetidas ni las lamidas a sus pechos la despertaron. Unos minutos después jadeaba extasiado. Baje de la cama, la arrope y me vestí. Luego tome la taza de café, apague la luz y fui a la cocina. Allí limpié todas mis huellas de los objetos que había tomado y finalmente me marché cerciorándome que nadie estuviese mirándome. Tamaña sorpresa se llevaría a la mañana siguiente, si es que se daba cuenta.




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