MI PRIMO ALEJANDRO DICE QUE ME AMA
( Relatos Gay )


Alejandro es mi primo hermano, digo que es mi primo porque no tengo otro. Es hijo de mi tía Eulalia, hermana de mi madre. Solo son dos los únicos descendientes de mis abuelos que ya murieron, mi madre y mi tía. Por parte de mi padre tengo tres primas, pero ningún primo. Mi tío Antonio y mi padre que se llama Pablo son hermanos de mi tía Angélica pero los dos varones no se hacen con ella a causa de su esposo que de verdad es odioso, engreído y absurdo. Mi tía Angélica es mi madrina, por eso, con cierta frecuencia, le hago visitas interesadas porque me da buenas propinas, pues quiere demostrar que es más rica que mi madre y a mí eso no me espanta sino que me conviene. Pues ellos, mi tía Angélica y su esposo Anacleto tienen una hija que se parece a su padre; la muy imbécil se llama Angie; ni da gusto ser su amigo, ni creo que lo desea. Mi tío Antonio con su esposa, mi tía Belén, tienen dos hijas gemelas nacidas el mismo año que yo de las que soy muy amigo, a mi entender demasiado amigo, porque ellas esperan de mí lo que les está vedado, mis primas son Belén y Antonia —Toñita la llamamos—. A mi tía después del parto tuvieron que sacarle los ovarios y no sé cuántas cosas más, dicen que le rasparon, de ahí que una fuera para papá y la otra para mamá, por eso llevan sus nombres. Esta es mi familia.
Por mi parte, mi nombre es Juan Pablo. El primer nombre responde al deseo de mi abuelo, el padre de mi madre; mi abuelo materno ya es difunto. El segundo, Pablo, es de mi abuelo paterno, de mi padre y me dicen que mi bisabuelo también lo llevaba; yo creo que si nos vamos lejos, alguno de los hijos de Adán igual se llamaría Pablo. A mí me gusta que me llamen Janpaul y así lo hace todo el mundo, menos los idiotas de los profesores que no atienden a razones. Tengo en este relato 18 años recientes, aún resonaban en mis oídos los gritos y felicitaciones del día de mi «cumple dieciocho» como dicen mis amigas, porque no saben decir décimo octavo o decimoctavo.
Menuda fiesta montaron mis padres para presentarme a las hijas de sus amigos más ricos. Aún no sospechaban mis padres mi orientación sexual. Porque como soy un bailarín incansable y a falta de chicos todo eran chicas en mi vida, si exceptuamos a Alejandro, que ya lo presentaré dando detalles de quién y cómo es, yo, por bailar lo que sea, me agarro hasta a una silla. ¡Joder!, ¡cuántas veces he bailado agarrado a una silla! Una vez estaba bailando totalmente desnudo, sonaba en mi equipo «El Profe» de Miranda. Estaba yo precisamente consintiendo con estas palabras de la canción: «Quisiera que me mientas cuando pregunte tu edad, quiero volverme tan vulgar, voy a engañarte, tonta, solo para tocarte un poco»… «Aprovecharme de ti me estimula, apuntarte mis trucos»…. «Percibo en qué momento te comienzas a mojar y entonces no puedo parar hasta sentir que te hago mía»… «Yo quiero hacerte las cosas más sucias de modo elegante»… «Yo quiero que te toques para mí, quiero tocarme y acabar en ti».
Entró mi madre con la señora de la limpieza y el grito que dio esta fue admirable. Me asomé a la puerta que abrí de par en par para mostrarme guapo y volvió a gritar, que es lo que yo pretendía; entonces mi madre me dijo
— Apágate la música y vístete que Lucía va a limpiar.
Luego escuchaba a mi madre darle explicaciones y todas esas cosas que hacen las mujeres, que cuanto más explican más la cagan. En mi cumpleaños hubo baile, bailaron los mayores, los niños y los adolescentes y por supuesto nosotros los jóvenes. Yo las bailé casi todas porque bailé con casi todas y algunos casi todos.
Mi contextura es de un deportista de gimnasio junto con las carreras matinales, pues lo que me gusta del deporte es mariconear y lucir mis piernas largas, depiladas e incansables, un abdomen sin tabletas, pero plano y duro, unos pectorales marcados con unos pezones de película porno. Lo que me divierto cuando veo un tío por delante y aminoro la marcha para que me vea bien…, hasta algunos me piropean desde «maricón…» hasta «…estás de puta madre». El caso que por feo que sea el insulto o la ovación, siempre me gusta y me pone más, que me pone de verdad; algunas veces me toca masturbarme hasta correrme para seguir la carrera.
Mi cabeza creo que está muy buen puesta, porque saco brillantes notas; ojos grises oscuros y mirada fija; mis labios y boca son fáciles a la sonrisa. Soy guapo, pero del promedio de entre la gente normal, no soy guapo de pasarela; creo que ese examen no lo pasaría. Con un pene de 17 cm y un considerable grosor que no he medido nunca y que algunos de los que han deseado que los follara, al vérmelo, dieron marcha atrás. Todo esto hace una altura de 1,89 m y 70 kilos de peso. No está mal, ¿verdad? Pues si me vierais por detrás y con el culo al aire, mis nalgas son súper, lo más más, y sin pelos, que se pueden lamer a conciencia.
Cuando me pongo a bailar, también lo hago a conciencia, como casi todo, como si en ello me fuera mi vida. El día de mi cumpleaños me las bailé a todas; todas las mujeres, jóvenes y adultas, solteras y casadas quisieron bailar conmigo, no me negué a ninguna. Ese día me vestí de traje y llevaba tirantes para sostener mi pantalón aunque ajustaba bien, eran innecesarios pero de puro capricho, eran rojos sobre la camisa blanca de seda. Mojé de sudor la camisa de seda que se empeñó en comprar mi madre y se transparentaba todo mi pecho y espalda. Ya casi al final, mis primas Belén y Toñita bailaron a la vez conmigo y casi sin que me diera cuenta por estar concentrado para bailar a la vez con las dos me sacaron la camisa sin quitarme los tirantes porque eran elásticos. De repente todas las chicas gritaron y entonces, aunque me di cuenta, ya no hice caso. ¿Que no se adelantó mi madre para recoger la camisa? Menuda pasta le habría costado, creo que más que una follada de mi padre; al menos mi padre dice eso cuando mi madre le pide más dinero de lo habitual: «Esto me cuesta más que una follada». Estaba muy sudado y comenzó una pieza cuando ya me retiraba para darme una ducha y vino mi primo Alejandro para hacerme bailar con él. Al principio me parecía broma, pero se sacó su camisa, llevaba cinturón en lugar de tirantes y me insistió. Había un silencio glaciar en la sala, la música sonaba con claridad, y todo eso mismo me animó a dejarme llevar por mi primo y bailamos los dos espectacularmente. Yo tomé el rol femenino en el baile y él me llevaba. Acabamos con un beso, abrazados y con nuestras piernas cruzando las entrepiernas. El aplauso fue considerable. Tres días me costó pensarlo y salí del clóset, mis padres lo aceptaron sin rechistar, ya lo iban imaginando, ¿me conocerán ellos?
No dije nada a nadie más ni me preocupé de nada. Deseaba acabar el trimestre. Ya estábamos a final de abril y solo me faltaban dos meses de ese primer año de universidad. Si hasta ese momento me fue bien, me juré a mí mismo que me iría mejor porque mis padres se lo merecían y lo necesitaban, soy su único hijo y de mí les vendrían las preocupaciones y yo me encargaría de que las alegrías superaran a sus preocupaciones por mí. Así pasé los dos meses durmiendo poco y estudiando mucho. Todo fue bueno. Los exámenes de junio fueron coser y cantar. Iba a los exámenes leyendo el periódico del día. Descubrí que me serenaba mucho. Mis compañeros se extrañaban de mi proceder. Incluso un profesor empezado el examen, se me acercó a pedirme el periódico, vi que repasó página por página sin leer y mirándonos, luego se puso a leer algunas páginas. Cuando le entregué mi examen me devolvió el periódico con un clamoroso “Gracias”. El iluso profe pensaba que dentro del periódico tendría mis chuletas o anotaciones… ¡Hay profes como gente, para todo!
Llegó el verano y mi padre me propició ingresar en el club náutico. No sé si me iría bien eso, pero lo acepté agradecido sin saber cuándo ni cuánto me iba a servir. Aproveché los cursos que allí se daban para sacarse la licencia de navegación. Casi todos los que hacían los cursos tenían sus embarcaciones, lo hablé en casa y mi padre lo arregló con un amigo suyo para que pusiera su barco a mi disposición. Yo iba a familiarizarme con la nave sin salir a la mar, con la embarcación atracada y asegurada al noray. Mi idea era sacar el PER, luego el PNB, hasta llegar a Capitán de Yate, un curso cada verano.
Mis primas Belén y Toñita iban con frecuencia al Náutico para encontrarse con sus amigos. Mi tío Antonio es socio del club también. Allí las encontraba y delante de sus amigos venían a besuquearme, les gusta mucho eso de tocar carne. Yo iba con short muy corto y camiseta de tirantes con espalda de nadador y me toqueteaban todo. Nunca me quejé, aunque se me subieran los colores de la cara. Desde pequeño las tenía siempre encima, siempre mis amigas y siempre pegajosas. Ya estaba acostumbrado a sus tretas. Se daban cuenta los demás y decían que yo era muy mujeriego, excepto mis padres. Ellos sabían que ellas me tocarían pero yo no las “tocaría”.
Ahora que lo recuerdo, pienso, «¡cómo sabían mis padres lo maricón que yo era!».
Retrocedo un par años antes. Un día, estábamos en el ultimo año de Colegio —ellas iban a Escolapias y yo a jesuitas—, me dijeron que querían estudiar conmigo un tema de anatomía que su profesora no explicaba bien. No pensé que yo podía serles útil, pero eran mis primas y amigas. Me hicieron quitar la camisa, midieron la espalda, contaron las vértebras, las costillas...; me hicieron quitar mi pantalón, yo llevaba un vaquero super skinny y tuvieron que tirar de él. Me quedé en jockstraps. Mi paquete estaba bueno y mientras jugaban con mis rodillas y mis nalgas, mi paquete creció y al poco se hizo una mancha visible de mi fluido preseminal, pero eran mis primas y mis amigas. Luego bajaron el jocks y midieron mi pene y mis bolas, lo tocaron todo y la pusieron dura, muy dura. Ya no sabía si eran mis primas y amigas o era mi gusto porque ya sentía deseo de que siguieran tocando. Toñita, que es un poquito más puta, me estaba masturbando y lógicamente me vine del todo y abundante. Me quedé gimiendo y con una sonrisa de idiota. Todavía, aunque yo me negaba sin impedirlo, me dieron unas chupaditas a mi polla. Se fueron y me dejaron alelado.
Cuando ya estaba con esto de las clases de navegación, ocurrió algo inesperado; enfermó la abuela paterna de Alejandro, al tiempo que su padre fue destinado por la empresa en la que trabaja a América del Sur, a Paraguay, tarea que podría llevarle varios meses. Mi tío Manuel se fue al Paraguay, justo a Asunción, mientras mi tía Eulalia fue a cuidar y atender a sus suegros. No podían saber el tiempo de duración de la implantación de la empresa ni si la abuela de Alejandro sanaría pronto. A Alejandro lo mandaron a mi casa. Mi primo, el único, el que yo tenía casi como un hermano, aquel con quien cada día hacíamos vídeo chat y nos hablábamos guarradas muy cochinas y nos enviábamos fotos de chicos y chicas desnudas y con buenos culos, se vino a vivir conmigo.
Le preparamos su habitación al lado de la mía. El mismo día que llegó, mi padre que fue a recogerlo al aeropuerto pasó por mi madre y por mí para llevarnos a comer al Náutico. Le enseñé el barco y se ilusionó. La tarde transcurrió rápida y después de cenar vimos un rato la televisión y nos fuimos los cuatro a dormir. Alejandro debía estar muy cansado porque desde mi cuarto escuchaba voces y gemidos sin entender qué decía y sus gemidos eran de uno que llora. Era tanto rato que me preocupé ya hasta no poder dormir. Me levanté y fui deprisa, lo encontré revolviéndose y hablando cosas ininteligibles, sus palabras no tenían ni género ni número y sus verbos no tenían conjugación lógica. Estaba sudado y se lamentaba. Decidí despertarlo cariñosamente tomándole de la cara y se despertó asustado:
— ¿Dónde estoy?
— Soy Janpaul, estás en mi casa.
Lo abracé y lo llevé a mi pecho para que se calmara. Entonces me di cuenta que estaba desnudo y me incorporé para ir a ponerme algo, pero me gritó:
— ¡No, no, no te vayas…!
— Vengo enseguida, solo voy a ponerme algo…
— No, no, no te vayas, tengo miedo…
Me quedé un rato hasta que se le fuera el temblor.
— Tengo frío.
Le cobijé con la sábana mientras le decía:
— Hace mucha calor, pero como has sudado, el sudor se ha enfriado, pero no pasa nada, ya estás calmándote.?Estuve un rato más y le dije:
— Ya estás mejor; yo me voy y tú duermes.
— No te vayas, por favor, acuéstate aquí y duerme conmigo para que no sueñe tan mal.
Me metí en la cama del todo, sin taparme con la sábana. No hacía frío pero comenzó a refrescar, eran ya las cuatro. Alejandro daba vueltas y tuvo dos golpes de malos sueños y tuve que tocarle para que despertara.
— ¿No quieres abrigarte con la sábana?, —me preguntó.
— Pues sí, mejor sí, porque refresca…, —le contesté.
Me levantó la sábana y entré. Ya no dormimos más; se abrazó a mí y comenzó a contarme el sueño. Él iba en avión con su padre y ardió el avión y todo el tiempo se estaba cayendo la aeronave al mar y siempre quemándole los pies. Lo abracé y sin darme cuenta estuvimos muy juntos y mi polla tocaba su muslo. Alejandro llevaba puesto su bóxer.
— ¿Eso es tuyo?
— ¿El qué?
— Esto que toco junto a mí pierna…
Sentí el tacto y le dije:
— He venido rápido y no me he puesto nada, quería ir pero no me has dejado, —argumenté lo que sonaba a excusa.
No dejó tranquila mi polla y se me puso dura. Le metí la mano dentro del bóxer y le acaricié la suya. Al poco rato:
— ¿Me dejas?, —preguntó.
— ¿El qué?, —me hice el gallego.
— Que te la chupe..., —me contestó a la madrileña.
— ¿Lo hacemos a la vez?, —pregunté
— ¡Vale!
Me puse sobre él, me di la vuelta, le saqué el bóxer y de inmediato nos pusimos a mamar polla. Parecía una competición, comenzó a entrar luz conforme iba clareando el alba y nos dimos prisa. Por los movimientos de sus piernas noté que Alejandro ya estaba a punto y no saqué su polla de mi boca hasta que descargó toda su lefa, la mayor parte la tragué y tenía buen sabor, un salado agridulce. Ya no pude aguantar más y me corrí violentamente en su boca. Me moví, puse mi cara junto a la suya. La luz del amanecer ya nos permitía vernos y nos besamos, le crucé la lengua para darle algo de su semen, su boca olía a mi semen y me hizo estimar más a mi primo. Destapados y con las pollas ya erectas de nuevo mirábamos al techo medio con satisfacción y medio con un palmo de vergüenza.
— Janpaul…
— ¿Qué?
— Yo te amo, —declaró Alejandro.
— Claro que sí, somos primos y, al menos yo, no tengo otro…
— No, Janpaul, no, ¡yo te amo!
— Te digo que sí, que yo también.
— Que no, Janpaul, que no, lo que te digo es que me gustas, me gustas para mí, no solo te quiero como primo, te amo. Desde tu cumpleaños lo he pensado mucho... te deseo para mí y me gustaría que tú...
— ¿Te amará también…?
— Eso mismo.
— Pues, ahora, saca de tu maleta una pantaloneta y zapatillas y nos vamos a correr.
— ¿Y camiseta?
— Yo te regaló una verde de tirantes y yo me pongo la de color pastel, las compró ayer mi mamá iguales con diferente color, y nos va a comprar más porque es compradora compulsiva.
Nos reímos, fuimos a darnos una ducha rápida a mi baño. Entramos juntos para aprovechar el tocarnos, pues nos gustábamos, esa era la verdad. Nos vestimos y salimos a la calle.
Salíamos a las 7 de casa, yo con mi mochila más pequeña para poner el iPhone y la billetera. Teníamos una hora si no descansábamos hasta la cala nudista. Pero no íbamos a apretar mucho con una noche casi sin dormir. Alejandro dejó su móvil en mi mochila. No puse toalla para que no pesara. En un restaurante, ya cerca de donde íbamos, entramos a tomar desayuno. A mí me gustan los huevos fritos con chorizo, patatas a lo pobre con pimiento. Alejandro quiso lo mismo. Pedí una copa de vino y una botella de agua. Alejandro prefirió cerveza. Al final nos llevamos dos botellas de agua de medio litro. Seguimos despacio, viendo el litoral y la urbanización hasta bajar a la cala. Había un espacio de arena pequeño el resto es piedra. Nos desnudamos y a tomar el sol matutino hasta que entraran ganas de ir al agua. Aún no había nadie por allí más que nosotros dos. Cuando nos levantamos para ir al agua, parados en la orilla, dejando que las olas nos acariciaran los pies, Alejandro tomó mi pene con sus manos, hice lo mismo y mientras cada uno acariciaba las bolas y la polla del otro la emprendimos con un magistral beso. ¡Qué agradable es la boca de Alejandro! ¡Qué calor emite su lengua! Así estuvimos un largo rato y luego nos masturbamos mirando al mar. Escuchamos por detrás nuestro un «Guten Morgen» muy fuerte y grave, nos volvimos, contestamos del mismo modo, era un tío ya maduro y nos sentamos en la orilla para pasar la calentura. Baño y regreso a casa. Subimos la cuesta desnudos y arriba ya estábamos secos, nos vestimos y por el mismo camino a casa.
Casi en casa sonó el móvil de Alejandro, atendió la llamada, era su padre desde Asunción para interesarse por él. Aprovechó para a continuación llamar a su madre y decirle que había hablado con su padre y luego le contó todo con pelos y señales excepto el sueño y nuestros juegos sexuales, incluso que habíamos dormido juntos, también le contó que veníamos de una cala nudista. Me pasó el móvil y saludé a mi tía. Ella me dio muchos besos de palabra y me dijo:
— No me malogres a Alejandro que es mi tesoro.
— Pero, tía, si me ha dicho esta mañana que está enamorado de mí, —y me puse a reír.
— Tú eres mayor, cuídalo.
— ¡Ay, si supieras tía!, hala, muchos besos.
Le di el móvil a Alejandro y se despidieron.
Estábamos a la mesa comiendo los cuatro. Mi padre nos preguntó hasta donde habíamos llegado en nuestra carrera de la mañana. Se lo dije y Alejandro intentó decir lo nuestro, pero me puse a hablar del barco. Mi padre me dijo:
— Si te va bien y te gusta tendremos que comprar un barco; siempre es más económico que una novia.
Mi madre le espetó:
— Calla, no le digas esas cosas, ¿qué pensará Alejandro?
— No pienso nada, tía, ya me he enamorado de Janpaul, hasta mi madre lo sabe, —espetó Alejandro.
— ¿Cómo es eso?, ¿desde cuándo lo sabe?, —preguntó mi madre.
— Desde hace un rato, que se lo he dicho yo.
— Alejandro, tú no cambias, eres el mismo de siempre, —dijo mi madre.
Mis padres se reían a gusto y nos contagiamos todos. Yo le di una cachetada al cogote de Alejandro y me soltó:
— Esto ya costará una mamada.
— ¿Queréis dejar el asunto ya, cochinos?, —dijo mi madre.
— Déjalos, mujer, si lo hacen para molestarte, —dijo mi padre.
Yo miré a mi madre levantando los hombros y hundiendo mi cabeza en mi cuello. Alejandro me imitó. Mi madre sonrió e hizo una expresión que decía: “¡Cómo está el mundo! Pero la vida…”.
Desde que Alejandro llegó mis primas estuvieron al acecho. Ni se me ocurría pensar qué deseaban, pero Alejandro me dijo que querían salir con nosotros y seguramente acostarse también, me dijo:
— Ellas son dos, nosotros somos dos, pues es lógico que quieran eso.
— ¡Joder, macho! ¿Tú crees que desean acostarse con nosotros?
— Compra preservativos, que esas ya están más tocadas que las 12 de la noche, —dijo Alejandro.
No eran tan malvadas cómo pensaba Alejandro. No querían acostarse sino venir con nosotros corriendo a la playa y deseaban que pasáramos por su casa.
— Pero Belén, si nosotros acabamos en la nudista...
— Ya lo sé, el año pasado ya ibas, pero es eso lo que queremos pero a solas no mola, queremos ir con vosotros, —dijo.
— ¿Cómo que lo sabes? ¿Quien te dijo?
— Tu madre y mi madre se cuentan de todo y cuando se juntan hablan hasta por los codos.
— ¡La puta que me parió!, pero si son cuñadas…
— Pero parecen hermanas..., que ellas se ven todos los días...
— Claro, como no tienen nada que hacer ni puta ganas de hacer algo... ¡Joder con mi madre! ¿No podría comerse la lengua?
Y comenzamos a correr los cuatro. Las muy guarras, apenas llegábamos, eran las primeras en sacarse todo. La verdad es que las dos están buenas, pero buenas de verdad. Tienen los pechos pequeños y firmes, sus coños bigotudos, no se los afeitan, bueno, no se los afeitaban, porque yo llevaba gel de afeitar y maquinilla, porque a veces aprovechaba la cala para afeitarme los huevos. Ellas nos tocaban todo y Alejandro también, ¡menudos lengüetazos y chupadas les daba a sus pezones!
Un día que no había nadie me decidí a ofrecerles la maquinilla. Toñita me dijo:
— Si me lo haces tú, sí.
Le afeité todo el coño y lo dejé limpio totalmente.
— Bésame el coño, Janpaul.
Se lo besé como de saludo.
— No seas tan marica y cómeme el coño...
Yo pensaba «mientras no me pida follar con ella...
Le chupé el coño, le pasé la lengua todo alrededor y me animé a meterle la lengua en el coño tanto cuanto pude, la vi gemir, la escuché gemir. Alejandro y Belén se pusieron a mirar sorprendidos. Yo no me cansaba y Toñita gemía hasta ponerse a gritar. Me asusté, me aparté y soltó un chorro enorme de flujos vaginales. Era la primera vez que veía eso. Alejandro por detrás de mí se me echó al cuello y me besaba diciendo:
— Bravo, maricón, tú eres un gay raro, ¿eh?
Escuchamos una voz que nos dijo:
— Guten Morgen, gestern waren es Schwachköpfe, heute ein paar Scheißkerle.
Alejandro y yo solo dijimos:
— Guten Morgen!
Pero Belén dijo:
— Und du, verdammter grüner alter Mann, eine unhöfliche Scheiße, berühre deinen dreckigen Schwanz.
Nos metimos en el agua para lavarnos y subimos como siempre desnudos para vestirnos arriba secos ya. No habíamos desayunado para llegar temprano a la playa. Así que fuimos al restaurante y los cuatro comimos lo mismo, huevos con chorizo y pan con aceite y tomate. Le pregunté a Belén:
— ¿Qué ha pasado con el tío ese?
— ¿Qué ha dicho él?, —preguntó Alejandro.
— Ha dicho que ayer había dos maricones y hoy dos putos cabrones.
—¿Que le has gritado?, —insistió Alejandro.
— Le he dicho que es un maldito viejo verde, que es un groseramente puto de mierda y que se toque su asquerosa polla.
— ¿Sabes insultar en alemán?, —le pregunté.
— No, he traducido literal, pero él ha entendido y ya sabe que entendemos.
Así fue. Más veces hemos ido y él ha llegado más tarde y ni ha saludado con ese gangoso Guten Morgen.
Empezaban a gustarme mis primas como algo más que primas y amigas. Me gustaban como compañeras. En la noche se lo dije a Alejandro y me dijo:
— A mí me van, como acompañantes o compañeras, pero de novias nada, mi novio eres solo tú y para convencerte de esto, ya te quitas ese maldigo short que este puto cabrón quiere perforar tu culo maricón.
Fue buena la follada. Cada noche lo hacíamos de un modo diferente. Nuestras queridas primas se conformaban con chupetones y nosotros en la noche lo complementábamos. Alejandro hizo el traslado a mi universidad y yo le hice estudiar más que nunca a cambio de mi culo. Qué año más bien aprovechado, de lujo. Sus padres y los míos han convenido en que no se mueva de aquí porque ha estudiado más, saca mejores notas y se le ve más feliz. De mí nadie dice nada, pero yo también soy feliz.




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